Cautiverio feliz

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El cautiverio
(Narración)

Primera parte
... «Cuando volví en mí y cobré 
algunos alientos, me hallé cautivo
y preso de mis enemigos.»
Considerándome preso, se me vino a la memoria ser mayor el peligro y riesgo en que me hallaba si me conociesen por hijo del Maestre de Campo General Álvaro Núñez de Pineda, por el aborrecimiento grande que mostraban a su nombre y la aversión que lo habíantomado por los daños recibidos. Por cuya causa me pareció conveniente y necesario usar de cautelosas simulaciones, fingiéndome de otras tierras y lugares, y, aunque moderadamente lo común y ordinario de su lenguaje entendía, más ignorante me hice en él de lo que la naturaleza me había comunicado.
 
Con esta advertencia estuve, habiéndome preguntado quién era y de dónde. A esto respondí ser de losreinos del Perú y haber poco que asistía por soldado en estas partes. Y esto fue en su modo de hablar, conforme los bisoños chapetones suelen pronunciar su lengua. Creyolo por entonces el dueño de mil libertad, mostrándose apacible, alegre y placentero, a cuyos agasajos me mostré con acciones y semblante agradecido.
 
Y estando con algún sosiego después del susto mortal que me tuvo un buen ratosin sentido, llegó a nosotros un indiecito ladino, quien había guiado la junta y traído el ejército enemigo a la estancia y heredad de su amo encomendero y a otras comarcas. Este indio, pocos días antes del suceso, se había ausentado de nosotros y agregado a los enemigos por algunos malos tratamientos y vejaciones que había recibido, que lo cierto es que las más de las veces somos y hemos sido elorigen de nuestras adversidades y desdichadas suertes. Éste, con otros amigos y compañeros suyos, a quienes había manifestado quién yo era, llegó al sitio y lugar donde me tenían despojado de las armas y de la ropilla del vestido, diciendo en altas voces:
 
-Muera..., muera luego este capitán sin remisión alguna, porque es hijo de Álvaro Maltincampo -que así llamaban a mi padre-, que tienenuestras tierras destruidas y a nosotros aniquilados y abatidos; no hay que aguardar con él, pues nuestra suerte y buena fortuna nos lo han traído a las manos.
 
Y a estas razones y alaridos se agregaron otros muchos, no menos enfurecidos y rabiosos, que, levantando en alto las lanzas y macanas, intentaron descargar sobre mí muchos golpes y quitarme la vida. Mas, como su Divina Majestad es dueñoprincipal de las acciones, y las permite ejecutar o las suspende, quiso que las de estos bárbaros no llegasen a la ejecución de sus intentos, y, como padre de misericordia, tuvo por bien su Divina Clemencia que, de en medio de mis rabiosos enemigos, sacasen los cielos de los diamantinos pechos, en pedernales duros convertidos, ardiente fuego de caridad piadosa.
 
Y al tiempo que aguardaba de susmanos la privadora fiera de las vidas, llegó a dilatármela, piadoso, uno de los más valientes capitanes y estimados guerreros que en su bárbaro ejército venían, llamado Lientur. Por haber sido su nombre respetado entre los suyos y bien conocido entre los nuestros, le traigo a la memoria agradecido y porque las razones y palabras que pronunció, discreto, no son para omitirlas.
 
Antes derepetirlas, manifestaré algunas circunstancias de que se originó el mirarme con píos ojos y dolerse de mis trabajos y desdichada suerte.
 
El tiempo que este valeroso caudillo asistió entre los nuestros, fue de los mejores amigos y más fieles que en aquellos tiempos se conocían, por cuya causa le hizo grandes agasajos y cortesías el Maestre de Campo General Álvaro Núñez de Pineda, mi padre, mientrasgobernó estas fronteras. Y aunque el común tratamiento que a los demás hacía era conocido y constante entre ellos de que se originaron los felices sucesos y aventajados aciertos que fue Dios servido de darle en esta guerra, acudiendo con todas veras a la ejecución de sus órdenes y mandatos -que es nación que se deja llevar de la suavidad de las palabras y del agasajo de las acciones, y al trocado,...
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