Cell - stephen king

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Stephen King

Cell



El ello no representará una demora de la gratificación.
Siempre experimenta la tensión de una necesidad no satisfecha.
SIGMUND FREUD

La agresividad humana es instintiva. Los seres humanos no han desarrollado ningún mecanismo ritualizado inhibidor de la agresividad para garantizar la supervivencia de la especie. Por esta razón, el hombre se considera unaespecie extremadamente peligrosa.
KONRAD LORENZ

¿Me oyes ahora?
VERIZON




Para Richard Matheson y George Romero







La civilización se sumió en su segunda era de tinieblas por un camino previsible de sangre, aunque a una velocidad que ni el futurista más pesimista podría haber augurado. Fue como si hubiera estado esperando su final. El 1de octubre, Dios estaba en Su cielo, laBolsa se situaba en 10.140 puntos, y casi todos los vuelos funcionaban con puntualidad (salvo los que llegaban y salían de Chicago, lo cual era de esperar). Al cabo de dos semanas, el cielo pertenecía de nuevo a los pájaros y la Bolsa no era más que un recuerdo. En Halloween, todas las ciudades importantes, desde Nueva York hasta Moscú, hedían bajo los cielos desiertos, y el mundo tal como loconocemos había pasado a la historia.
El Pulso

1

El suceso que pasó a denominarse El Pulso dio comienzo a las tres y tres minutos de la tarde, hora de la Costa Este, del día 1 de octubre. Por supuesto, el término era inapropiado, pero diez horas después del suceso, casi todos los científicos capaces de señalar el error habían muerto o habían perdido el juicio.
En cualquier caso, el nombreapenas tenía importancia. Lo importante era el efecto.
A las tres en punto, un joven sin importancia especial alguna para la historia caminaba con paso elástico hacia el este por Boylston Street, en Boston. Se llamaba Clayton Riddell, y en su rostro se pintaba una expresión de indudable satisfacción que casaba con la ligereza de su andar. En la mano izquierda sujetaba las asas de una carpeta dedibujo de esas que al cerrarse con correas se convierte en bolsa de viaje. Entre los dedos de la mano derecha sostenía el cordel de una bolsa de plástico marrón sobre la que se veían impresas las palabras pequeños tesoros, para quien quisiera leerlas.
La bolsa contenía un pequeño objeto redondo. Un regalo, podríamos aventurar, y estaríamos en lo cierto. También podríamos aventurar que el tal ClaytonRiddell quería celebrar algún pequeño (o no tan pequeño) triunfo con un pequeño tesoro, y de nuevo estaríamos en lo cierto. El objeto que contenía la bolsa era un pisapapeles de cristal bastante caro, con una brumosa bola grisácea de diente de león atrapada en su interior. Lo había comprado en el trayecto entre el hotel Copley Square y el mucho más modesto Atlantic Avenue Inn, donde se alojaba,asustado por la etiqueta pegada a la base del pisapapeles, que marcaba noventa dólares, y más asustado aún al recordar que ahora podía permitirse semejantes caprichos.
Entregar la tarjeta de crédito a la dependienta le había costado un esfuerzo casi físico. No creía que hubiera sido capaz de hacerlo si el pisapapeles hubiera sido para él; con toda probabilidad, habría mascullado alguna excusa entredientes y huido despavorido de la tienda. Sin embargo, se trataba de un regalo para Sharon. A Sharon le gustaban esas cosas y todavía le gustaba él. Pensaré en ti, cariño, le había dicho el día antes de que Clayton viajara a Boston. Teniendo en cuenta lo mal que se lo habían hecho pasar mutuamente durante el último año, aquellas palabras lo habían conmovido, y ahora quería conmoverla a ella, sies que todavía estaba a tiempo. El pisapapeles era una pequeñez (un pequeño tesoro), pero Clayton estaba convencido de que a Sharon le encantaría la delicada bruma gris atrapada en las profundidades del cristal cual niebla de bolsillo.

2

La campanilla de un furgón de helados llamó la atención de Clay. El vehículo estaba aparcado frente al hotel Four Seasons, más suntuoso aún que el Copley...
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