Celso el discurso verdade contra los cristianos

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  • Publicado : 10 de enero de 2011
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Prefacio

1. Hay una raza nueva de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente cu­biertos de infamia, pero autoglorificándose con la común execración: son los Cristianos.

Mientras las sociedades autorizadas y organiza­ciones tradicionales se reúnen abiertamente y a la luzdel día, ellos mantienen reuniones secretas e ilícitas para enseñar y practicar sus doctrinas. Se unen entre sí por un compromiso más sagrado que un juramento y así quedan confabulados para conspirar con más seguridad contra las leyes y así resistir más fácilmente a los peligros y a los supli­cios que les amenazan.

2. Su doctrina tiene un origen bárbaro. No es que pensemos imputárselo como unafalta o un delito: los Bárbaros, ciertamente, son capaces de inventar dogmas; pero la sabiduría bárbara vale poco en sí misma, si no la corrige, depura y ultima el logos o la razón griega, de la cual Roma se siente heredera. Los peligros que los cristianos afrontan por sus creencias, supo Sócrates afrontarlos por las suyas con un coraje inabarcable y una serenidad maravillosa. Los preceptos de lamoral de los cris­tianos, en lo que contienen de perfección, antes que ellos los enseñaron los filósofos, y especialmente los estoicos y los platónicos. Sus críticas a la idola­tría, consistentes en sostener que estatuas marmó­reas o broncíneas, hechas por hombres a veces des­preciables, no son dioses, fueron antes incontables veces expuestas. Así escribe Heráclito: «Dirigir preces a imágenes, sinsaber lo que son los dioses y los héroes, ¡vale tanto como hablar con las pie­dras1.».

3. El poder que parecen poseer los cristianos les viene de la invocación de nombres misteriosos y de la invocación a ciertos «daimones» o espíritus (a los que algunos llaman demonios). Fue por magia por lo que su Maestro realizó todo lo que parece espantoso o de maravillar en sus acciones; en se­guidatuvo gran cuidado en advertir a sus discípulos que se guardasen de los que, conociendo los mis­mos secretos, pudiesen realizar lo mismo, y que evitasen como él de participar de mágicos poderes propios de los dioses. ¡Ridícula e increpante contra­dicción'. Si condena con razón a los que lo imitan, ¿cómo es que no se vuelve contra él tal condena? Y si no es impostor ni perverso por haber realizadotales prodigios, ¿cómo es que sus imitadores, por el hecho de realizar los mismos hechos, lo son más que él?

4. En suma, la doctrina de los cristianos es una doctrina secreta: en conservarla ponen una constan­cia indomable y no seré yo quien censure su fir­meza. Con creces merece la verdad que suframos y nos expongamos que alguien deba renegar de su fe, o fingir abjurar de ella, parahurtarse a los peligros que pudieran acontecerle y seguir viviendo entre los hombres. Los que tienen el alma pura son eleva­dos por un impulso natural hacia la divinidad, con la cual tienen afinidad, y nada desean más que elevar siempre hacia ella sus pensamientos y sus palabras. Es preciso incluso que las creencias profesadas se fundamenten también en la razón. Los que creen sin examen todo lo quese les dice, se parecen a esos infelices, presas de los charlatanes, que corren de­trás de los Metragirtos, los sacerdotes de Mitra, o de los Sabácios y los devotos de Hécate o de otras divinidades semejantes, con las cabezas impregna­das de sus extravagancias y fraudes. Lo mismo acontece con los Cristianos. Ninguno de ellos quiere ofrecer o escrutar las razones de las creencias adoptadas. Dicengeneralmente: «No examinéis, creed solamente, vuestra fe os salvará»; e incluso añaden: «La sabiduría de esta vida es un mal, y la locura un bien».

5. Si ellos estuvieran de acuerdo en respon­derme, y no en que ignore lo que dicen -porque en ese aspecto ya estoy enteramente informado- todo iría bien, puesto que yo no les quiero particular­mente mal. Pero se niegan y se esconden escudán­dose en...
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