Charles spurgeon (el guerrero desfalleciente)

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Sermón #235

El Púlpito de la Capilla New Park Street

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El Guerrero Desfalleciente
NO. 235
SERMÓN PREDICADO LA MAÑANA DEL DOMINGO 23 DE ENERO DE 1859, POR CHARLES HADDON SPURGEON, EN MUSIC HALL, ROYAL SURREY GARDENS, LONDRES.
“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley deDios, mas con la carne a la ley del pecado.” Romanos 7:24, 25.

Si yo decidiera ocupar el tiempo de ustedes en un asunto controversial, podría demostrarles de manera concluyente que el apóstol Pablo está describiendo aquí su propia experiencia como cristiano. Algunas personas han afirmado que él declara aquí simplemente lo que había sido antes de su conversión, y no lo que era cuando seconvirtió en receptor de la gracia de Dios. Pero tales personas están evidentemente equivocadas, y yo diría que están obstinadamente equivocadas, pues cualquier mente candorosa y sincera que leyera este capítulo, no podría caer en tal error. Es Pablo el apóstol, nada menos que el más grande de los apóstoles; es Pablo, el poderoso siervo de Dios, un verdadero príncipe en Israel, uno de los hombres valientesdel Rey, es Pablo, el santo y el apóstol, el que aquí exclama: “¡Miserable de mí!” Ahora, algunos humildes cristianos son víctimas a menudo de un error muy necio. Contemplan a ciertos santos avanzados, y a algunos ministros capaces, y dicen: “Seguramente hombres como éstos no sufren como sufro yo; no contienden con las mismas perversas pasiones como las que me vejan y me turban.” ¡Ah!, siconocieran los corazones de esos hombres, si pudieran atisbar en sus conflictos íntimos, pronto descubrirían que, entre más cercano a Dios viva un hombre, más intensamente tiene que dolerse por su corazón depravado, y entre más lo honra su Señor estando a Su servicio, más lo veja y lo atormenta día a día el mal de la carne. Tal vez, este error sea más natural y más común, ciertamente, con relación a lossantos apostólicos. Nos hemos acostumbrado a decir: San Pablo, y San Juan, como si ellos fuesen más santos que los demás hijos de Dios. Todos ellos son santos a quienes Dios ha llamado por Su gracia y ha santificado por Su Espíritu; pero, de alguna manera y muy neciamente, anotamos en otra lista a los apóstoles y a los primeros santos, y no nos aventuramos a mirarlos como mortales comunes. Losconsideramos como seres extraordinarios que no podrían sentir pasiones iguales a
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Sermón #235

las nuestras. La Escritura nos enseña que nuestro Salvador “fue tentado en todo según nuestra semejanza” y, sin embargo, nosotros caemos en el egregio error de imaginar que los apóstoles—que eran sustancialmente inferiores al SeñorJesús—escaparon de estas tentaciones e ignoraron estos conflictos. El hecho es que si ustedes hubiesen visto al apóstol Pablo, habrían pensado que era extraordinariamente parecido al resto de la familia elegida, y si hubiesen hablado con él, habrían dicho: “Caramba, Pablo, yo encuentro que tu experiencia y la mía son exactamente afines. Tú eres más fiel, más santo y has sido instruido másprofundamente que yo, pero tienes que soportar exactamente las mismas pruebas. Es más, en algunos sentidos, tú eres probado más severamente que yo.” No consideres que los santos del pasado estuvieron exentos de enfermedades o de pecados, ni los consideres con esa mística reverencia que casi te convierte en un idólatra. Tú mismo podrías alcanzar su santidad, y sus fallas deben ser censuradas tanto como lastuyas. Yo creo que el cristiano tiene el deber de abrirse paso hasta el círculo interno de la santidad y si estos santos fueron superiores a nosotros en sus logros—como ciertamente lo fueron—debemos seguirlos; debemos esforzarnos por llegar a su lugar, sí, y sobrepasarlos, pues no veo que eso sea imposible. Tenemos la misma luz que ellos tuvieron y tenemos acceso a la misma gracia y, ¿por qué...
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