Chris (nacida inocente)

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Chris

[pic]

Paul May

Círculo de Lectores, S.A.
Valencia, 344 Barcelona
4 5 6 7 8 9 8 7 0 9
Ediciones Martínez Roca, 1978
Depósito legal B. 26018-1978
Compuesto en Garamond 1 1
Impreso y encuadernado por
Printer, industria gráfica sa
Sant Vicenç dels Horts 1978
Printed in Spain
ISBN 84-226-0998-3
Título del original inglés, Chris
Traducción, M.R.
Cubierta, Joan Farré
Ediciónno abreviada
Licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de Ediciones Martínez Roca
Queda prohibida su venta a toda persona que no pertenezca a Círculo

Índice

Chris 1

Índice 1

Nota del digitalizador 2

Capítulo 1 2
Capítulo 2 6
Capítulo 3 9
Capítulo 4 14
Capítulo 5 20
Capítulo 6 23
Capítulo 7 27
Capítulo 8 31
Capítulo 9 34
Capítulo 10 36Capítulo 11 38
Capítulo 12 42
Capítulo 13 45
Capítulo 14 47
Capítulo 15 53
Capítulo 16 56
Capítulo 17 59
Capítulo 18 64
Capítulo 19 68
Capítulo 20 72

Índice 75

Nota del digitalizador

Trilogía de la historia de vida de Christine Parker

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1 - Nacida Inocente - Gerald Di Pego - Bernhardt J. Hurwood
2 - Chris - Paul May
3 - ¡Escapa, Chris!- Paul May

Capítulo 1

Emma Lasko entreabrió la puerta del cuarto de duchas y observó a la jovencita temblorosa que terminaba de vestirse, de pie sobre los azulejos. Era casi una niña y tironeaba con torpeza su pequeño vestido de algodón floreado, que se le pegaba al cuerpo húmedo. Lasko llevaba media vida como celadora, pero de vez en cuando aún se conmovía al ver ingresar a una novata. Yésta tenía todo el tipo desvalido e infantil que hacía que Lasko maldijera su oficio. Menuda, morena, con grandes ojos verdes asustados, contrastando con el pelo lacio y renegrido. Y esa condenada expresión de desamparo en cada gesto. Unos minutos antes la celadora la había hecho desvestirse y la había sometido a la inspección de rigor. Luego tuvo que repetirle tres veces que se duchara y se lavarala cabeza con el champú desinfectante. La chica parecía a punto de desmayarse de terror. Lasko la dejó un tiempo a solas y esperó en el pasillo, escuchando el ruido del agua al caer, entremezclado con ahogados sollozos. Ahora la joven la miraba con ojos enrojecidos, inmóvil, como sorprendida en falta.
- Si has terminado te acompañaré al dormitorio -dijo Lasko con voz neutra-. Podrás dejar tuscosas y descansar un poco antes de la cena.
La chica asintió, calzándose con torpeza el mocasin. La celadora dio media vuelta y comenzó a caminar por el pasillo. La jovencita trotó hasta ponerse a su lado. Salieron a un patio ajardinado y cruzaron en dirección a los dormitorios. Durante todo el recorrido la muchacha no levantó la cabeza.
La mayoría de las internas estaban a esa hora descansando oconversando en sus cuartos, pero un grupo de tres o cuatro asomó a la galería al oír los pasos inconfundibles de la celadora.
- Carne fresca, ¿eh, Lasko? -zumbó una de ellas.
- ¿Qué ha hecho esa cría? -preguntó otra-. ¿Se ha escapado del parvulario?
- La han encerrado por hacerse pis encima -explicó una tercera.
Todas se echaron a reír, y algunas nuevas cabezas asomaron curiosas por las esquinasde la galería.
- A ver si os calláis -dijo Lasko, sin detenerse-. ¿O es que habéis olvidado cómo os sentíais en vuestro primer día aquí?
Una rubia alta y fornida, de rostro anguloso, se plantó frente a la celadora cerrándole el paso. La pequeña novata dio un respingo y se ocultó aterrada tras el cuerpo de la mujer.
- Déjame pasar, Moco -dijo Lasko con voz calma.
La rubia levantó el mentón,desafiante, y sonrió poniendo los brazos en jarras. Hubo algunas risitas expectantes entre las demás.
- ¿Con quién vas a ponerla, Lasko? -preguntó Moco.
- No contigo, por cierto.
La celadora estiró su mano hasta el hombro de Moco y la apartó suave, pero firmemente, hacia la pared. Hizo un gesto a la novata y siguió su camino.
- Eres injusta -gritó Moco a sus espaldas-. Yo soy la que lleva más...
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