Ciceron

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Yised Cardona Ángel.
Estudiante ciencias políticas
Profesor: Saúl Horacio Echavarría Yepes
Universidad EAFIT
AGUSTÍN DE HIPONA: república y guerra justa.

En cuanto al ámbito de lo político, dos conceptos son especialmente representativos y reveladores de la introducción providencial del pensamiento y la cultura romana: las nociones de república y guerra. Dicho lo cual, la intención deeste texto es clarificar estos dos conceptos.
Para ello realizaré un conciso paralelo entre cicerón y Agustín en cuanto a la república partiendo del tema de la consecución de la paz, donde san Agustín “corrige” a cicerón reemplazando unas cuantas definiciones de sus argumentos; además hare un breve énfasis en el concepto de gloria (al alcance de los hombres) y la gloriosísima ciudad de Dios, paradar a entender que la cuestión de justicia concerniente de la república romana es un tanto incompleta; finalmente tratare el concepto de guerra para luego desembocar en guerra justa.

Para lograr la paz, se hace necesario, según san Agustín, que lo político se estructure en la declaración de lo justo. Esta noción de lo político procede en mayor medida, de la definición de república que planteaMarco Tulio: “república, es cosa de pueblo; pueblo no es toda reunión de hombre congregados de cualquier manera, sino sociedad formada bajo la garantía de las leyes y con objeto de utilidad común.” (Ciceron, 1992, pág. 47) Agustín reprende esta concepción sustituyendo derecho por justicia, objetando que la existencia de un sistema leyes no es suficiente para llegar a hablar de “pueblo” y,consecutivamente, de una república, sino que para enunciar ésta, debe haber una legitima justicia “si la república es cosa del pueblo, y no es pueblo el que está unido con el consentimiento del derecho; y no hay derecho donde no hay justicia, sin duda se colige que donde no hay justicia no hay república” (Hipona, 1940, pág. 487).
Para san Agustín la justicia emana directamente de Dios, por lo cual, apartir de la interpretación de Marco Tulio, difiere que es imposible que exista una república verdadera sin tener en cuenta la concepción de una justicia verdadera, es decir, para llegar hablar de una república verdadera se hará necesario que la justicia divina, sea en su totalidad respetada. Visto de esta manera, la definición de Marco Tulio nos dilucida una sola república autentica: únicamenteaquella en la que la verdadera justicia está totalmente realizada.

Para aludir al pueblo (ya no como una congregación ideal de coexistencia con el ejemplo del retrato de la ciudad de Dios), podríamos decir que San Agustín hace uso de la definición de Tulio, pero en una medida más bien imprecisa, es decir deslindándole la carga ética “… congregación compuesta de muchos, no bestias, sino criaturasracionales, y unidas entre sí con la comunión y concordia de las cosas que ama” (Hipona, 1940, pág. 499). En efecto, para constituir una república se hace necesario tanto la búsqueda de intereses como la concordia de las cosas que ama: mientras más nobles sean esos intereses, el pueblo podrá alcanzar su excelencia y, por ende, más legítima será la república en cuestión; es así como Agustínconstruye la disimilitud entre la ciudad terrena y la de Dios; la primera está unida por el amor a las cosas que conciernen lo terrenal y la otra está unida por el amor a Dios. Pero, la posibilidad de existencia de la verdadera justicia solo se hace patente en la sociedad cristiana, como lo dije antes, unida por el amor a Dios, así que solo esta sociedad podrá considerarse una república autentica.Algo que puede clarificar esta discrepancia entre la ciudad de Dios y la terrenal son las nociones de gloria que incumben en estas dos ciudades. San Agustín difumina el pasado de Roma para que éste estuviera fuera del hombre, en la gloriosísima ciudad de Dios. Las virtudes que los romanos vincularon a sus héroes, solo serian efectuadas por los ciudadanos celestiales, y es allí en la ciudad de...
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