Ciencia sentimental

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Fernando Savater

La civilización y lady Mary

Lady Mary Montagu es, sin duda, la figura femenina más interesante de la primera mitad del siglo XVIII inglés. Consiguió una buena cultura en la biblioteca de su padre, el duque de Kingston, y luego contrarió a su ilustre progenitor casándose a escondidas contra su voluntad. Fue amiga de Swift y de Addison, recibió piropos de Alexander Pope y sehizo notar en la corte del rey Jorge I por sus opiniones poco convencionales, que divertían y escandalizaban a partes iguales en la buena sociedad. Pero a ella le aburría ese ambiente y acogió con entusiasmo el nombramiento de su marido como embajador en Costantinopla para huir de él. Conocemos los incidentes de su viaje hasta Turquía y su fascinación por el mundo islámico que allí descubrió através de su correspondencia, elogiada más tarde por Voltaire como superior a las de Mme. de Maintenon y Mme. de Sevigné. Las observaciones antropológicas de lady Montagu son perspicaces y notablemente carentes de prejuicios. Desde luego, le impresionan favorablemente la sensualidad y el refinamiento del sultanato. También constata con aprobación que los effendi, es decir, los eruditos locales, noconceden más fe a las enseñanzas de Mahoma que los europeos cultivados a la infalibilidad del Papa, aunque disimulen como los otros para evitarse problemas. Años después, de vuelta en Inglaterra, intentó introducir en su país el sistema de vacunación antivariólica que había aprendido entre los turcos, chocando con la obstinación de médicos conservadores (de su ignorancia) y clérigos queanatematizaban esos manejos paganos: pero ella ya sabía que supersticiosos y fanáticos hay en todas partes.
Sin embargo, quizá lo más chocante es su valoración del papel de las mujeres en el sistema otomano. Esta señora ilustrada, una de las primeras occidentales que penetró en el harén del sultán, llega a la conclusión de que las damas turcas son, en algunos aspectos, incluso más libres que otraseuropeas. Cierto, tienen que andar siempre veladas por la calle, pero ello les permite ir y venir sin ser reconocidas..., lo cual no contribuye a la tranquilidad posesiva de los maridos. Mahoma las destina un paraíso distinto al de los hombres, “lo cual no tiene forzosamente que hacérselo menos agradable”. De él son excluidas las vírgenes y las viudas que no vuelven a casarse, pero esa creencia no leparece más nociva que la que entre los cristianos consagra la santidad de quienes hacen voto de castidad perpetua. Cuenta con simpatía el caso de una española raptada en el mar por un almirante turco: cuando la familia reunió el dinero del rescate, la señora calculó que en su país la deshonra sufrida la condenaba a pasar el resto de su vida en un convento y prefirió quedarse en el serrallo. A sudebido tiempo heredó una fortuna del enamorado almirante y volvió a casarse con otro marino no menos galante... Por fin, lady Mary volvió a Dover y desde allí escribe su última carta, en perfecto francés, al abate Conti. En ella finge envidiar a quienes no viajan y por tanto nada añoran, los felices ingleses que creen que el vino griego es repugnante y su cerveza sublime, los que consideran que loshigos y las frutas exóticas no son comparables a un buen roast-beef, y concluye: “¡Ojalá Dios me permita a mí también pensar así para que, contentándome a partir de ahora con la nublada luz que este cielo nos dispensa, sepa olvidar poco a poco el estimulante sol de Costantinopla!”.
No cabe duda de que la actitud de lady Montagu es eminentemente civilizada. La civilización es precisamenteel esfuerzo por ir más allá de la propia cultura, lo que hace sentir curiosidad e interés por otras. A quien se encierra en los usos que conoce, los considera sin disputa preferibles a todos los restantes y muestra antagonismo cerril hacia las formas de comportamiento humano que no comparte, siempre se le ha llamado bárbaro, nunca civilizado. De hecho, ni siquiera puede tenerse por realmente...
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