Cinco horas con mario

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Miguel Delibes

Cinco horas con Mario

Ediciones Destino
Colección Destinolibro
Volumen 144

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y porescrito de los titulares del copyright.

© Miguel Delibes
© Ediciones Destino, S.A.
Consell de Cent, 425. 08009 Barcelona

Primera edición: diciembre 1966
Primera edición en Destinolibro: mayo 1981
Segunda edición en Destinolibro: junio 1982
Tercera edición en Destinolibro: diciembre 1983
Cuarta edición en Destinolibro: septiembre 1985
Quinta edición enDestinolibro: octubre 1986
Sexta edición en Destinolibro: marzo 1987
Séptima edición en Destinolibro: marzo 1988
Octava edición en Destinolibro: noviembre 1988
Novena edición en Destinolibro: mayo 1989
Décima edición en Destinolibro: noviembre 1989
Undécima edición en Destinolibro: marzo 1991
Duodécima edición en Destinolibro: octubre 1991
Decimoterceraedición en Destinolibro: septiembre 1992
Decimocuarta edición en Destinolibro: abril 1993
Decimoquinta edición en Destinolibro: julio 1993

ISBN: 84-233-1130-9
Depósito legal: B. 26.144-1993

Impreso por Printer Industria Gráfica, S.A.
C.N. II. 08620 Sant Vicenc deis Horts (Barcelona)
Impreso en España - Printed in Spain

[pic]

Después de cerrar lapuerta, tras la última visita, Carmen recuesta levemente la nuca en la pared hasta notar el contacto frío de su superficie y parpadea varias veces como deslumbrada. Siente la mano derecha dolorida y los labios tumefactos de tanto besar. Y como no encuentra mejor cosa que decir, repite lo mismo que lleva diciendo desde la mañana: "Aún me parece mentira, Valen, fíjate; me es imposible hacerme a la idea".Valen la toma delicadamente de la mano y la arrastra, precediéndola, sin que la otra oponga resistencia, pasillo adelante, hasta su habitación:
—Debes dormir un poco, Menchu. Me encanta verte tan entera y así, pero no te engañes, bobina, esto es completamente artificial. Pasa siempre. Los nervios no te dejan parar. Verás mañana.
Carmen se sienta en el borde de la gran cama y se descalzadócilmente, empujando el zapato del pie derecho con la punta del pie izquierdo y a la inversa. Valentina la ayuda a tenderse y, luego, dobla un triángulo de colcha de manera que la cubra medio cuerpo, de la cintura a los pies. Dice Carmen antes de cerrar los ojos, súbitamente recelosa:
—Dormir, no, Valen, no quiero dormir; tengo que estar con él. Es la última noche. Tú lo sabes.Valentina se muestra complaciente. Tanto su voz —el contenido y el volumen de su voz— como sus movimientos, recatan una eficacia inefable:
—No duermas si no quieres, pero relájate. Debes relajarte. Debes intentarlo por lo menos —mira el reloj—. Vicente no puede tardar.
Carmen se estira bajo la blanca colcha, cierra los ojos y, por si fuera insuficiente, se los protege con el antebrazo derechodesnudo, muy blanco, en contraste con la negra manga del jersey que la cubre hasta el codo. Dice:
—Me parece que hace un siglo desde que te llamé esta mañana. ¡Dios mío, qué de cosas han pasado! Y todavía me parece mentira, fíjate; me es imposible hacerme a la idea.
Aun con los ojos cerrados y preservados por el antebrazo, Carmen sigue viendo desfilar rostros inexpresivos como palos cuandono deliberadamente contristados: "Lo dicho"; "Mucha resignación"; "Cuídate, Carmen, los pequeños te necesitan"; "¿A qué hora es mañana la conducción?" Y ella: "Gracias, Fulano", o "Gracias, Mengana" y ante las visitas eminentes: "¡Cuánto le hubiera alegrado al pobre Mario verle por aquí!" La gente nunca era la misma pero la densidad no decrecía. Era como el caudal de un río. Al principio, todo...
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