Cita en el san roque

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Cita en el San Roque con la paloma azul
Uno
Los diarios y los comunicadores de la radio lo llamaban barrio marginal. Marginal, qué palabra doliente, pensaba Manuel. Viene de margen, de lo que está al costado, afuera, empujado de la geografía de la realidad. Su barrio era marginal, él vivía en el barrio marginal y entonces él, Manuel, era un hombre marginal. Pero no había edificado la casamarginal, cartón, plástico, chapas de zinc herrumbradas por gusto de vivir en el barrio marginal, sino porque ese pedazo de terreno era el único que quedó libre cuando la multitud ansiosa avanzó como un raudal humano para ir aposentándose poco a poco, como el agua se aposenta en tierra seca, donde cada uno podía y donde cada uno cabía, delimitando su solar con cuatro estacas y levantando allí lacasita que no era casita, sino refugio, casi un campamento instalado en la ruta de la necesidad, simple, provisoria, desarmable y portable, listo a ser desmantelado cuando el río crecía o cuando la autoridad ordenaba. Por eso no podía llamarse casa. La casa es el lugar donde uno se instala, y se vuelve hogar, y hasta se puede poner una maceta frente a la puerta, con algo que florezca. Que florezca,porque las flores frente a la puerta dan una sensación de pertenencia, y de permanencia. Él llegó retrasado. En realidad, llegó después que la carrera terminara, de la que no participó porque solo miraba con curiosidad y vio al final de la estampida el trozo que quedó libre. Por eso su pedazo de terreno no era un pedazo de terreno, sino más bien era un resto de pedazo de terreno, un colgajo deterreno que nadie quiso porque quedaba encerrado entre el murallón y la zanja, una situación nada cómoda, porque el muro no permitía el paso del sol, aunque bien mirado tampoco permitía el paso de la lluvia, y la zanja no le permitía el paso a él para salir al sendero, que tampoco era sendero sino el canal por donde fluía al río un hilo verdoso de agua espesa, cloacal y maloliente, pero servía desendero, y dificultad (de salir al sendero) que superó colocando aquel tablón inclinado, tan inclinado que resultaba un marginal que salía de su casa marginal, patinando sobre una tabla lisa, una manera de salir al sendero que se hizo costumbre y hasta juego, porque aprendió a deslizarse con cierta elegancia y más de un chiquillo aplaudía su airoso porte cuando resbalaba sobre el tablón, con losbrazos abiertos, como un alambrista de circo. Claro que la subida era menos garbosa, porque subir un plano inclinado era más difícil que bajarlo.
De la casa, o del refugio, no podía sentirse orgulloso ni avergonzado. Porque era algo provisorio como provisoria su suerte de haber venido a pasar allí, entre la zanja y el muro. No podía hablar de paredes y techo como debe tener una casa, sino deun agujero, de cueva, como para el lobo que se refugia de la tormenta de nieve, como había leído en una novela de Jack London. Claro que allí dentro había instalado un ropero que le costó una enormidad y el esfuerzo solidario de los vecinos subirlo por el tablón, y una mesita de hierro, y un brasero a carbón y un catre de lona, la lámpara de kerosene y la máquina de escribir que había rescatado delhundimiento de la escribanía, pero esas cosas no hacían una casa sino eran apenas bártulos de viajero, de hombre de paso, como el lobo solitario de la novela cuyo instinto apuntaba su hocico siempre al norte, porque en el norte siempre hay algo que se debe alcanzarse. Tampoco hacía casa de la cueva el estante de libros rescatados de la ruina de su casa, que armó cruzando una tabla sobre dosladrillos, ni el espejo en la puerta del ropero, que no era un sesgo de vanidad que justificara llamar casa a un refugio, sino porque el espejo ya estaba ahí, formando parte del ropero cuando lo consiguió en un depósito abandonado. De modo que el espejo no era un lujo sino simplemente un espejo, a veces molesto, porque muchas veces, cuando se miraba en él, no le gustaba lo que veía. Un hombre de...
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