Ciudad de los cesares

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La ciudad de los césares
Manuel Rojas

“ Uso exclusivo VITANET, Biblioteca Virtual 2002”

MANUEL ROJAS

LA CIUDAD DE LOS CÉSARES

PRIMERA PARTE

1 El indio y su perro

Una tarde de noviembre, cerca de la desembocadura del río Sin Nombre en el Pacífico, un hombre y un perro, de pie uno, echado el otro, parecían vigilar sobre una roca las entradas de los estrechos que forman allílas islas del archipiélago. La soledad y el silencio cercaban a hombre y al perro: al l frente, el mar y las islas; a sus espaldas, los altos picachos nevados y las tierras inexploradas aún. Parados sobre la roca, agitados por el viento y salpicados por el rocío de alguna ola que reventaba con fuerza, vigilantes, inmóviles, eran lo único humano que alentaba, por allí. —Indio —dijo el hombre—, ¿noviene el amo? El perro levantó la cabeza y miró al hombre; se miraron un instante los dos, y el animal, volviéndose hacia el mar, ladró furiosamente, echándose luego a los pies del que lo interrogaba. El hombre era alto, muy bien formado; su rostro tenía un suave color aceituna pálido y sus facciones, aunque no

bien proporcionadas, no eran desagradables. Pelo negro, laxo y recio, ojos negrostambién, algo sesgados, nariz ancha, pómulos un tanto salientes y boca de labios gruesos. Su cara, a pesar de aquellos duros rasgos que acusaban un origen indio, daba una impresión de bondad. Era un hermoso ejemplar, uno de los últimos de la raza que pobló antiguamente la Tierra del Fuego: la ona. Calzaba altas botas; pantalón y chaqueta de pena amarilla obscura cubrían su cuerpo, y en la cabeza, afalta de sombrero, llevaba un pañuelo que sujetaba su cabellera. Colgada, al hombro llevaba una carabina y de su cinturón pendía un machete de monte. El perro, cuyas tiesas orejas estaban en continua escucha y que ladraba animosamente cuando algún pato a vapor golpeaba con las alas las tranquilas aguas del río, era un animal extraño, parecido al mismo tiempo a un lobo y a un zorro, delgado, peromusculoso y ágil, de hocico puntiagudo y ojos vivaces. Como su amo, pertenecía a una raza ya casi extinguida: la de los perros fueguinos.

2 La infancia de Onaisín
ONAISIN NACIÓ en Onayusha, costa de los anas, Tierra del Fuego, en las márgenes del canal Beagle, una mañana de enero. Su padre era Tlescaia, un ona que alcanzaba casi los dos metros de altura, poderoso de músculos, agilísimo y de muymal carácter. Su madre, una mujer obscura, Llaca, que vivía al lado de Tlescaia como uno de los tantos perros que éste poseía. El día que Onaisín nació, su padre andaba de caza por el interior de la isla acompañado de varios indios. Cuando, con un guanaco al hombro y seguido de su traílla, llegó al miserable chozo en que vivía, la noticia de que la familia había aumentado durante su ausencia nole hizo gracia alguna. Tenía ya tres hijos, cuatro perros y una mujer, es decir, ocho bocas que comían, sin contar la de él, más hambrienta que todas las demás juntas; la caza era más difícil de día en día; los hombres blancos aumentaban en la isla en número y en rapacidad; el oro de los lavaderos de Sloggett y de Bahía Valentín no les satisfacía; tampoco se conformaban con la caza del lobo, yempezaban a apoderarse de las tierras y de los animales; robaban al indio sus perros y a veces sus niños y sus mujeres, y lo empujaban hacia el mar, más allá del canal Beagle, hacia las islas inclementes cercanas al Cabo de Hornos o a las

desoladas de la salida occidental del Estrecho de Magallanes. ¡ Y todavía, como si todo eso no fuera bastante, le nacía un hijo más!. Quince días despuésTlescaia cogió a su hijo en brazos, lo llevó a la orilla del mar y sacándolo de la bolsa lo sumergió desnudo en el agua. Se lo entregó después a la madre, llamó a los perros y se marchó ‘hacia el i terior de la isla. n Con esta ceremonia purificadora, que no logró matarlo, Onaisín quedó incorporado a la vida social de la isla. Su infancia se deslizó de manera espléndida. A los dos años ya tenía nombre....
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