Colonialismo y imperialismo

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Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel: Redes micropolíticas y la ficción paranoica.

Andrea Valenzuela Graduate student at Princeton University Department of Spanish and Portuguese Languages and Cultures.

Prepared for delivery at the 2004 Meeting of the Latin American Studies Association, Las Vegas, Nevada, October 7-9, 2004.

El giro vacilante En este trabajo, el punto de partida parainvestigar la continuidad entre el proyecto de las crónicas de Pedro Lemebel y su incursión en la escritura de una novela (Tengo miedo torero, 2001), es un gesto que se repite en muchas de las crónicas. Lo llamo «el giro vacilante». Se trata de un ejercicio formal, casi se diría, gramatical, en la construcción de las oraciones en las crónicas. Oraciones que parecen reacias a dejar impreso en la hojalo que afirman y aseveran. La poética sobre la cual se constituyen las narrativas breves que nos ofrece Lemebel en sus crónicas, se anuda en torno a estos giros microscópicos. El movimiento con que la figura de la incertidumbre se introduce en el imaginario urbano-gay al que dan forma las crónicas, es uno que va desde dentro hacia fuera: surge de la gramática, para diluirse más tarde en lasuperficie barroca de las narrativas que despliega Lemebel. Me parece que hay dos crónicas específicas que, además de servir de ejemplos acerca de cómo opera esta alianza entre la poética y la gramática, iluminan el enlace que vislumbro entre el proyecto de las crónicas y la búsqueda, a través de la extensión novelística, de una suerte de expansión (de las posibilidades) del espacio de enunciación que,con el giro vacilante, ya han definido las crónicas para sí. Se trata de «Anacondas en el parque», la crónica que abre el libro La esquina es mi corazón. Crónica urbana (1995) y «Aquellos ojos verdes (A ese corazón fugitivo de Chiapas)», una crónica dedicada al Sub-Comandante Marcos, que aparece en el libro Loco afán. Crónicas de Sidario (1996). Continuidad de los parques «Anacondas en el parque»abre de la siguiente manera: A pesar del relámpago modernista que rasga la intimidad de los parques con su halógeno delator, que convierte la clorofila del pasto en oleaje de plush rasurado por el afeite municipal. Metros y metros de un Forestal «verde que te quiero» en orden, simulando un Versalles criollo como escenografía para el ocio democrático. Más bien una vitrina de parque… [Lemebel,1995:9].

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El «a pesar» queda errante, se escurre, acaba por perderse en la escenografía barroca que monta Lemebel para brindar materialidad al lado gay del Parque Forestal de Santiago. Más tarde en la crónica se hace evidente una suerte de complicidad con Julio Cortázar, a través de la enumeración de todos los parques que es el Parque Forestal. «Cuidado con los parques» (le dice la madre almuchacho); «trinidad incestuosa de los parques» (es lo que se forma entre las parejas que copulan detrás de los arbustos y sus infaltables voyeurs); «intimidad de los parques» (es lo que construyen secretamente las locas y los muchachos); «humedad de los parques» (es lo que contrasta con las bocas resecas de las locas deseantes). Aludiendo al Cortázar de Continuidad de los parques, Lemebel nos recuerdala nebulosa frontera entre la ficción y la realidad en que debemos «fijar» aquellos otros Parques Forestales. Más que establecer una relación entre el lenguaje y la visibilidad, lo que se busca es brindar materialidad a los parques invisibles. Más que la necesidad de cerrar o completar aquellas imágenes escurridizas, lo que impulsa al lenguaje en esta crónica es la forma del deseo, según éstecircula en aquellos espacios invisibles. Y más que la representación del deseo, lo que hace el lenguaje es seguir su movimiento intersticial (entre El Parque y los parques). El giro vacilante; ese rechazo deliberado del cierre gramatical, es lo que informa a este imaginario y lo sitúa y lo mantiene en una «tierra de nadie». Es lo que hace que la narrativa se pasee por las veredas permitidas del...
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