Comedy

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con tus manos al borde del vestido. 30

Dejón, depón ahora cualquier miedo;
vuélvete y ven aquí. seguro entra.»
Y en contra yo de mi conciencia, inmóvil. 33

Al ver que estaba inmóvil y reacio,
dijo un poco turbado: «Mira, hijo:
entre Beatriz y tú se alza este muro.» 36

Corno al nombre de Tisbe abrió los ojos 37
Píramo, yantes de morir la vio,
cuando el moral se convirtió en bermejo; 39

así, mi obstinación más ablandada,
me volví al sabio guía oyendo el nombre
que en nú memoria siempre se renueva. 42

Y él movió la cabeza, y dijo: «¡Cómo!
¿quieres quedarte aquí?»; y me sonreía,
como a un niño a quien vence una manzana. 45

Luego delante de mí entró enel fuego,
pidiendo a Estacio que tras mi viniese,
que en el largo camino estuvo en medio. 48

En el vidrio fundido, al estar dentro,
me hubiera echado para refrescarme,
pues tanto era el ardor desmesurado. 51

Y por reconfortarme el dulce padre,
me hablaba de Beatriz mientras andaba:
«Ya me parece que sus ojos veo.» 54

Nosguiaba una voz que al otro lado
cantaba y, atendiendo sólo a ella,
llegamos fuera, adonde se subía. 57

'¡ Venite, benedictis patris mei!' 58
se escuchó dentro de una luz que había,
que me venció y que no pude mirarla. 60

«El sol se va --siguió- y la tarde viene;
no os detengáis, acelerad el paso,
mientras que el occidente no seadumbre.» 63

Iba recto el camino entre la roca
hacia donde los rayos yo cortaba
delante, pues el Sol ya estaba bajo. 66

Y poco trecho habíamos subido
cuando ponerse el sol, al extinguirse
mi sombra, por detrás los tres sentimos. 69

Y antes que en todas sus inmensas partes
tomara el horizonte un mismo aspecto,
y adquiriese lanoche su dominio, 72

de un escalón cada uno hizo su lecho;
que la natura del monte impedía
el poder subir más y nuestro anhelo. 75

Como quedan rumiando mansamente
esas cabras, indómitas y hambrientas
antes de haber pastado, en sus picachos, 78

tácitas en la sombra, el sol hirviendo,
guardadas del pastor que en el cayadose apoya y es de aquellas el vigía; 81

y como el rabadán se alberga al raso,
y pemocta junto al rebaño quieto,
guardando que las fieras no lo ataquen; 84

así los tres estábamos entonces,
yo como cabra y ellos cual pastores,
aquí y allí guardados de alta gruta. 87

Poco podía ver de lo de afuera;
mas, de lo poco, las estrellas vimayores y más claras que acostumbran. 90

De este modo rumiando y contemplándolas,
me tomó el sueño; el sueño que a menudo,
antes que el hecho, sabe su noticia. 93

A la hora, creo, que desde el oriente
irradiaba en el monte Citerea,
en el fuego de amor siempre encendida, 96

joven y hermosa aparecióme en sueños 97
unamujer que andaba por el campo
que recogía flores; y cantaba: 99

«Sepan los que preguntan por mi nombre
que soy Lía, y que voy moviendo en torno
las manos para hacerme una guirnalda. 102

Por gustarme al espejo me engalano;
Mas mi hermana Raquel nunca se aleja
del suyo, y todo el día está sentada. 105

Ella de ver sus bellos ojos gozacomo yo de adornarme con las manos;
a ella el mirar, a mí el hacer complace.» 108

Y ya en el esplendor de la alborada,
que es tanto más preciado al peregrino,
cuando al regreso duerme menos lejos, 111

huían las tinieblas, y con ellas
mi sueño; por lo cual me levanté,
viendo ya a los maestros levantados. 114

«El dulce...
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