Comentario texto si mi voz muriera en tierra

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  “Este es el milagro de la multiplicación de los panes”, repitió el coronel cada vez que se sentaron a la mesa en el curso de la semana siguiente. Con su asombrosa habilidad para componer, zurcir y remendar, ella parecía haber descubierto la clave para sostener la economía doméstica en el vacío. Octubre prolongó la tregua. La humedad fue sustituida por el sopor. Reconfortada por el sol de cobrela mujer destinó tres tardes a su laborioso peinado. “Ahora empieza la misa cantada”, dijo el coronel la tarde en que ella desenredó las largas hebras azules con un peine de dientes separados. La segunda tarde, sentada en el patio con una sábana blanca en el regazo, utilizó un peine más fino para sacar los piojos que habían proliferado durante la crisis. Por último se lavó la cabeza con agua dealhucema, esperó a que secara, y se enrolló el cabello en la nuca en dos vueltas sostenidas con una peineta. El coronel esperó. De noche, desvelado en la hamaca, sufrió muchas horas por la suerte del gallo. Pero el miércoles lo pesaron y estaba en forma.
         Esa misma tarde, cuando los compañeros de Agustín abandonaron la casa haciendo cuentas alegres sobre la victoria del gallo, también elcoronel se sintió en forma. La mujer le cortó el cabello. “Me has quitado veinte años de encima”, dijo él, examinándose la cabeza con las manos. La mujer pensó que su marido tenía razón.
         —Cuando estoy bien soy capaz de resucitar un muerto —dijo.
         Pero su convicción duró muy pocas horas. Ya no quedaba en la casa nada que vender, salvo el reloj y el cuadro. El jueves en la noche, enel último extremo de los recursos, la mujer manifestó su inquietud ante la situación.
         —No te preocupes —la consoló el coronel—. Mañana viene el correo.
         Al día siguiente esperó las lanchas frente al consultorio del médico.
         —El avión es una cosa maravillosa —dijo el coronel, los ojos apoyados en el saco del correo—. Dicen que puede llegar a Europa en una noche.         “Así es”, dijo el médico, abanicándose con una revista ilustrada. El coronel descubrió al administrador postal en un grupo que esperaba el final de la maniobra para saltar a la lancha. Saltó el primero. Recibió del capitán un sobre lacrado. Después subió al techo. El saco del correo estaba amarrado entre dos tambores de petróleo.
         —Pero no deja de tener sus peligros —dijo el coronel. Perdióde vista al administrador, pero lo recobró entre los frascos de colores del carrito de refrescos—. La humanidad no progresa de balde.
         —En la actualidad es más seguro que una lancha —dijo el médico—. A veinte mil pies de altura se vuela por encima de las tempestades.
         —Veinte mil pies —repitió el coronel, perplejo, sin concebir la noción de la cifra.
         El médico seinteresó. Estiró la revista con las dos manos hasta lograr una inmovilidad absoluta.
         —Hay una estabilidad perfecta —dijo.
         Pero el coronel estaba pendiente del administrador. Lo vio consumir un refresco de espuma rosada sosteniendo el vaso con la mano izquierda. Sostenía con la derecha el saco del correo.
         —Además, en el mar hay barcos anclados en permanente contacto con losaviones nocturnos —siguió diciendo el médico—. Con tantas precauciones es más seguro que una lancha.
         El coronel lo miró.
         —Por supuesto —dijo—. Debe ser como las alfombras.
         El administrador se dirigió directamente hacia ellos. El coronel retrocedió impulsado por una ansiedad irresistible tratando de descifrar el nombre escrito en el sobre lacrado. El administrador abrióel saco. Entregó al médico el paquete de los periódicos. Luego desgarró el sobre de la correspondencia privada, verificó la exactitud de la remesa y leyó en las cartas los nombres de los destinatarios. El médico abrió los periódicos.
         —Todavía el problema de Suez —dijo, leyendo los titulares destacados—. El occidente pierde terreno.
         El coronel no leyó los titulares....
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