Comunicacion

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  • Publicado : 13 de mayo de 2011
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a observación más simple sobre la actividad lingüística advierte muy pronto que las comunidades donde se agrupan los seres humanos ejercitan comportamientos verbales distintos. Inclusive, un mismo sujeto, puesto ante diversas situaciones comunicativas, podrá emplear variedades diferentes de su lengua. Decimos de su lengua, pero ¿con qué derecho llamamos a estas variedades una misma lengua?Situados en la perspectiva de la comunicación, vale decir, de la transmisión de mensajes de una conciencia a otra, hallamos que esta transmisión se produce sólo si ambas conciencias son capaces de interpretar de un modo aproximadamente igual los mismos hechos expresivos. En otras palabras, la comunicación lingüística supone –entre otros elementos– que los sujetos implicados en ella compartan uncódigo. Es claro que, sin un mismo código que los vincule, dos sujetos no serían capaces de comunicarse. Para efectos de la comunicación con el lenguaje, tal código queda concretado en la lengua.

Si lo anterior es correcto, la prueba de que dos sujetos comparten una misma lengua, esto es, un mismo código, debería ser su capacidad de comunicarse plenamente. Pero hace mucho tiempo sabemos que esacomunicación es posible también a partir de hábitos expresivos muy distintos entre sí y que, además, es necesario, cuando ingresamos a una colectividad distinta, advertir las diferencias lingüísticas para evitar problemas comunicativos.

¿Por qué decimos que un caribeño, un peruano y un español hablan la misma lengua? No parecería así si recordamos la historia del turista español en Venezuela queinventa Ángel Rosenblat para mostrar cómicamente los efectos comunicativos de la variedad en el terreno del léxico:

A nuestro amigo español –nos cuenta Rosenblat– lo invitan a comer y se presenta a la una de la tarde, con gran sorpresa de los anfitriones, que lo esperaban a las ocho de la noche (en Venezuela, la comida es la cena). Le dice a una muchacha "Es usted muy mona", y ella se lo toma amal. Mona es la presumida, afectada, melindrosa.

Escucha, y a cada rato se sorprende: ""Está cayendo un palo de agua", "Fulano de tal pronunció palo de discurso", "Mengano escribió un palo de libro", "Zutano es un palo de hombre". Y el colmo, como elogio supremo: "¡Qué palo de hombre es esa mujer". Pero lo que le sacó de quicio fue que alguien, que ni siquiera era muy amigo suyo, se le acercara yle dijera con voz suave e insinuante:

-Le exijo que me preste cien bolívares. –Si me los exige usted –exclamó colérico–, no le presto ni una perra chica. Si me lo ruega lo pensaré.

No hay que ponerse bravo. El exigir venezolano equivale a rogar encarecidamente (el pedir se considera propio de mendigos, y la exigencia es un ruego cortés).

Con malcriadez iluminadora, Chomsky ha expresadosu convicción de que el concepto de lengua no es una noción lingüística:

¿qué es una lengua? -se pregunta- Se dice en broma que una lengua es lo que tiene un ejército y una marina de guerra. No es un concepto lingüístico, ni una definición lingüística [...] El concepto lingüístico es la gramática.

Esta afirmación tan agresiva quiere llamar la atención sobre el hecho de que,efectivamente, un hablante real es el sitio en el que interactúan varios sistemas idealizados cuyo origen puede ser geográfico, político, sociológico, pero que se postulan como estructuras lingüísticas cuyos rasgos se configuran de acuerdo con la determinación biológica de los principios de la gramática universal. De esta manera, afirma el propio Chomsky: Cada uno de nosotros habla un cierto número de estossistemas, mezclándolos en forma graciosa. Porque nuestra experiencia es diferente, nuestras mezclas de sistemas también lo son. Pero no creo –dice Chomsky– que, fuera de la realidad de estos sistemas, exista una realidad, dialecto o lengua.

Aunque se pueda discrepar de las premisas que han originado estas opiniones, no se puede dejar de observar, según la lúcida advertencia de Michael Gregory...
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