Con la frente en el polvo

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CON LA FRENTE EN EL POLVO

(Confesión en dos actos)






1. Padre Terencio

2. El Obispo

3. La Madre







ESCENARIO UNICO

Humildísima habitación de un cura párroco. Habitación que sirve de sala, de comedor y de alcoba al padreTerencio, anciano en cuyo rostro de rasgos fuertes y hasta toscos --no desdibujados por los años-- hay un fuego secreto y una escondidaternura. Todo el ambiente respira su limpia pobreza, llena de dignidad. Son las ocho de la noche, una noche lluviosa y fría.



PRIMER ACTO

La escena aparece vacía. Luego se abre la puerta que comunica directamente a la calle, y aparece el sacerdote, vistiendo su vieja sotana, que algún día lejano fue negra. Lleva en las manos unas rajas de madera. Camina lentamente hacia la chimenea (fogón)y anima el fuego que lentamente extinguía. Después se sienta en un silloncito de madera, y de una pequeña mesita anexa toma sus anteojos y se los pone. Toma luego su biblia y trata de leer. Evidentemente, no ve bien las letras, pues aleja el libro un poco de sus anteojos.

Luego lo aleja más. Con gesto de desaliento deja la biblia sobre sus rodillas. Luego se quita los lentes y lospone sobre la mesa. Entonces se frota los ojos y los cierra unos momentos para descansar. Los abre luego y automáticamente extiende la mano hacia un cenicero lleno de colillas. Como tampoco las ve bien, vuelve a calarse los lentes. Entonces sonríe y toma una de las colillas y la enciende. Echa la cabeza hacia atrás y saborea con fruición el tabaco.
Después toma el libro y empieza aleer. En la puerta se oyen dos toquidos. El no parece haberlos escuchado. La llamada se repite, esta vez con mayor fuerza. Entonces deja a un lado la biblia y apaga la colilla. Los toquidos se escuchan de nuevo, más insistentes. El sacerdote apresura sus movimientos, y murmurando algunas palabras de extrañeza por el llamado a esas horas, se dirige a la puerta y la abre. En el umbral aparece lafigura del Obispo, un hombre maduro, alto y ágil, vistiendo con elegancia las ropas telares. Lleva sobre los hombros una capa de paño con vueltas de seda morada.


TERENCIO.- (Visiblemente asombrado) !Monseñor!

OBISPO.- (Cuya voz trasluce, desde el primer momento, una inquietud y una angustía contenidas con gran esfuerzo) ¿Puedo entrar…señor cura ?

TERENCIO.- (Despojándose de lacapa) Naturalmente, el señor Obispo. Pase, pase usted. (Cierre la puerta, mientras el Obispo recorre con la mirada la habitación). Permítame su Ilustrisima.

OBISPO.- (Despojándose de la capa). Gracias.

TERENCIO.- Pero se está mojada, señor. (Colgándola en un rústico pechero). Aquí, el agua se secará.
OBISPO.- (Con amarga sonrisa) ¿Es ésta su casa, padre Terencio?

TERENCIO.-(Confundido). Demasiado humilde para recibir el honor de su visita, Exelencia. Pero siéntese usted, que vendrá muy cansado del viaje. (Le ofrece el sillón)! Qué sorpresa, Dios mío, que sorpresa después de tantos años!

OBISPO.- (Volviéndose a mirarlo y luego de breve pausa). Muchos… muchos, es verdad.

TERENCIO.- De haber sabido que venía, le hubiera preparado… (Ante una mirada del Obispo). Perosiéntese, Monseñor. Se lo ruego.

OBISPO.- (Sentándose en el sillón). Estoy cansado, sí… muy cansado. Como si regresara de un larguísimo viaje.

TERENCIO.-Estoy tan aturdido, que ni siquiera lo he saludado, señor. (Se hinca frente a él y trata de besar el anillo Episcopal).

OBISPO.- (Abriendo los ojos y levantándose). No, padre, por favor. (Ayudándolo a ponerse en pie). Por favor, levántese usted.Es que… no he venido como pastor, sino… como penitente.

TERENCIO.- (Extrañadísimo) ¿Cómo penitente?

OBISPO.- Resuelto y febril). Le ruego que me escuche en confesión.

TERENCIO.- (Más asombrado aún). ¿Confesarlo yo a usted?

OBISPO.- Digo…si cree que merezco ese privilegio.

TERENCIO.- Pero Exelencia, yo…

OBISPO.-Vine resuelto a no entrar en ninguna explicación previa, padre, y...
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