Confesión De Parte

CONFESIÓN DE PARTE1
“Pero aquí me tienes, a pesar de todo, disfrazado de incógnita, con las manos vacías pero con un corazón imposible entre los ojos. Puedo inventar palabras por las tardes y preparar café en las madrugadas. Puedo, sí, aunque no lo creas, ser fiel”. (Alfredo Herrera Flores)

Ahora que hemos hablado de matrimonio es necesario que sepas a qué me refería cuando te mencioné unavida llena de excesos. Pero tal vez no sean realmente excesos, en ese caso tendría que darte la razón y esta carta devendría en un relato meramente literario. Sea como fuere, es mejor que lo sepas ahora y no cuando vivamos juntos, porque eso haremos amor, viviremos juntos para siempre. La primera vez fue casualidad, casi como todas las primeras veces. Sin apenas tomar conciencia de lo que estabahaciendo, fui descubriendo un estado completamente nuevo, natural en apariencia, distinto de aquel que públicamente confesaba cuando alguien quería saber mi estado civil: “Abandonado” precisaba con cierta ironía y no poca jactancia. La historia comenzó un sábado hace siete años cuando Sara y yo, deseando salir de la ciudad para reencontrarnos el uno al otro e intentar salvar lo poco que quedaba denuestra enclenque relación, planeamos pasar juntos el fin de semana en el Balneario de San Antonio. Cita a la que nunca llegó. Era la primera vez que fallaba y eso me hizo sospechar que por el tipo de relación que sosteníamos probablemente se había convencido de lo poco saludable que era seguir manteniendo “ese” vínculo conmigo. Resolver aquel conflicto era sin duda para ella un imperativo y el nohaber acudido a nuestra cita supuso la mejor muestra de haber recuperado el juicio. Debíamos encontrarnos a las 9h00. Yo la esperaba sin miedo, sin ansias y también sin expectativas. Luego de una hora dejé de hacerlo aunque seguí viendo, más por inercia que por otra razón, los rostros de los pasajeros que descendían de los buses que arribaban a San Antonio. Cuando se hizo evidente que no llegaría,asumí que lo mejor era ser abandonado. Esta actitud se convertiría con el tiempo en el más elemental principio que me permitió salvaguardar mi libertad. Mi sello personal cuando de relaciones sentimentales se trataba.

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Relato tomado de De amantes y otras evocaciones.

Me senté a beber una cerveza en la terraza del Mediterráneo. Un restaurante que ofrecía la mejor vista y desde donde aúnse podía ver a los arribaban de la ciudad. Contemplaba serenamente el paisaje sin sospechar que en aquel lugar, años después, viviría una historia con lamentables consecuencias. De un momento a otro, al girar la vista hacia el río, caí en la cuenta que a mi derecha, cuatro o cinco mesas más allá, Mirella estaba con su madre y sus dos hijos. Busqué en el entorno a su esposo pero no aparecía porningún lado. Horas más tarde me enteraría que su matrimonio atravesaba la segunda gran crisis. Al vernos, nos saludamos con exagerada efusividad. Descubrí que aún conservaba intacto el afecto de doña Martha a pesar de haber sido yo el que terminó la relación con su hija. Ella siempre vio en mí a un muchacho serio y responsable, incapaz de salirse del cuadro. Cuán equivocada estaba la señora que, consospechosa afabilidad y gran disimulo, se llevó a los pequeños a pasear un buen rato dejándome solo con su hija como en los viejos tiempos. Mirella me regaló una conversación absurda y vana. Ingenuamente trajo el pasado a

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nuestra plática. A pesar de haber transcurrido ya diez años, insistió en saber las razones por las cuales yo había huido de una relación que prometía. En aquel entoncesella tenía 16 y yo 17 y nos queríamos realmente mucho. “Tenía miedo de que quedaras embarazada” le dije sin dejar de mirar sus ojos claros, recordando inevitablemente que la frecuencia de nuestros encuentros sexuales después de la primera vez aumentó exponencialmente. “Y mentí cuando te dije que era por otra chica. Sólo que no quería tener hijos y éstos hubieran sido inevitables de haber seguido...
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