Confieso que he vivido. Neruda.

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“Los éxitos, también en el hombre, son siempre la excepción, e incluso si se considera que el hombre es el animal cuyo tipo no está aún fijado, la muy rara excepción”1
Nietzsche.

El hombre no es, ciertamente, un tipo fijado. Esta afirmación podría parecer, hoy por hoy, una“verdad” evidente, una obviedad, puesto que es ya de consentimiento universal la idea de que la “naturaleza”, esto es, los distintos entes “naturales” y particulares, no son expresión de una esencia general eterna e inmutable, sino que, por el contrario, más bien son productos o resultados de una evolución y un devenir. Ahora bien, a nosotros no nos interesa investigar -y, hasta cierto punto,reconstruir- el maravilloso y demoroso trayecto que une a los primeros organismos, más simples y elementales, con el hombre. Todo ello, pese a su importancia, puede muy bien ser declarado “terra incognita”; a nuestra consideración tan sólo le interesa este último fruto singularísimo que es el hombre. Pues bien, a pesar del descrédito generalizado en que se tiene hoy a Platón y a la filosofía engeneral, la cual, desde antiguo, viene hablando de “esencias”, nosotros afirmamos, con todo, que en la naturaleza, que en la esencia misma del hombre, a diferencia de cualquier otro “ente” –en donde, pese al carácter evolutivo, gobiernan esquemas de objetividad y necesidad que relativamente determinan y fijan-, existe una indeterminación fundamental, indeterminación que lo libera a la posibilidad deasumir históricamente su propio “sí mismo” y que es, en un sentido radical, absolutamente diferente de la indeterminación del devenir evolutivo de su “naturaleza”. Esto es, pues, hasta cierto punto, lo que vuelve cuestionable, desde todos los puntos de vista, el discurso acerca de la “naturaleza” del hombre, y lo que, asimismo, nos legitimaría a hablar todavía de una “esencia” humana, a saber:que el ser del ser-humano es fundamentalmente histórico. Bien puede ser que el mono y el hombre tengan un antepasado común, pero el hombre, a diferencia de éste, no ha sido siempre “el mismo” desde que se puede decir que es un hombre, es decir, desde que se liberó para sí mismo y dio comienzo a su historia. Como dice Hölderlin: “Y dirigiendo al padre Helios / Una mirada de inteligencia, el niño sedespierta,”2 Desde ese instante, que, de hecho -si se nos permite la metáfora-, vale como el verdadero comienzo del tiempo, el hombre no ha podido ser ya nunca más “él mismo”: su historia consiste en el devenir de su continuo e incesante buscarse a sí.
La historia, por tanto, no puede ser considerada una mera narración, por lo demás antojadiza y arbitraria, de datos y hechos del pasado, sinoque tiene que ser entendida como lo que es: la historia de la esencia del hombre. El hombre cambia, y este cambio lo trastoca radicalmente en todos los aspectos. No es posible preguntar por la “naturaleza” del hombre, ni, en general, intentar comprenderlo, sin considerar su historia. De ahí que los empolvados libros de las bibliotecas guarden un tesoro invalorable en sus estanterías. El estudiohistórico, filosófico y psicológico está, en ese sentido, por sobre cualquier interés y utilidad, puesto que en él el propio hombre no sólo lee sobre los antiguos y sus vicisitudes como si se tratara de un mero cuento, sino que lleva acabo la búsqueda esencial que le permite apropiarse y comprenderse a sí mismo. Sobre este “sí mismo” versará, pues, la siguiente consideración.




CuandoHegel, en sus lecciones sobre la filosofía de la historia, abandona el estudio de Egipto para mostrar en seguida el tránsito del Espíritu del Mundo a Grecia, ofrece una interpretación interesantísima acerca de famoso mito de Edipo y la Esfinge que quisiéramos tomar como punto de partida de nuestra reflexión. Dice, en efecto: “En verdad debe maravillarnos y sorprendernos el mito griego que nos...
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