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  • Publicado : 5 de marzo de 2012
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JEAN M. AUEL






El Valle de los Caballos












































Para K A R E N,


Que leyó el primer esbozo del libro,


Y para S H E R


Con amor.Agradecimientos







Además de las personas a las que ya mencioné en El Clan del Oso Cavernario, cuya ayuda he seguido aprovechando para este nuevo libro de la serie «Los Hijos de la Tierra» y que siguen inspirando mi más sincero agradecimiento, también estoy en deuda con:El director, doctor Denzel Ferguson, y el personal de la Malheur Field Station, en las altas estepas del desierto central de Oregón, especialmente a Jim Riggs. Entre otras cosas, él me enseñó cómo se enciende un fuego, cómo se utiliza un lanzavenablos, cómo hacer una estera con juncos para dormir, cómo fabricar herramientas de piedra y cómo hacer una pasta con los sesos del venado. ¿Quiénpodría imaginar que con ella la piel de un venado se convierte en una suave piel aterciopelada?


Doreen Gandy, por su cuidadosa lectura y valiosos comentarios que me ayudaron a convencerme de que este libro tenía consistencia por sí mismo.


Ray Auel, por su apoyo, su aliento, su colaboración, y también por fregar los platos.1




Estaba muerta. No importaba que gélidas agujas de lluvia helada la despellejaran, dejándole el rostro en carne viva. La joven entrecerraba los ojos frente al viento y apretaba su capucha de piel de lobo para protegerse mejor. Ráfagas violentas le azotaban las piernas con su manto de piel de oso.
Aquello que había delante, ¿seríanárboles? Creyó recordar haber visto una hilera rala de vegetación boscosa en el horizonte, horas antes, y deseó haber prestado mayor atención o que su memoria fuera tan buena como la del resto del Clan. Seguía pensando en sí misma como Clan, aunque nunca lo había sido, y ahora estaba muerta.
Agachó la cabeza y se inclinó hacia el viento. La tormenta se le había venido encima súbitamente, precipitándosedesde el norte, y Ayla estaba desesperada por la necesidad de encontrar un refugio. Pero estaba muy lejos de la caverna y no conocía aquel territorio. La luna había recorrido todo un ciclo de fases desde que se marchó, pero seguía sin tener la menor idea de adónde se dirigía.
Hacia el norte, la tierra firme más allá de la península: era lo único que conocía. La noche en que murió Iza, le dijoque se marchara, porque Broud hallaría la forma de lastimarla en cuanto se convirtiera en jefe. Iza no se había equivocado. Broud la había lastimado, mucho más de la que ella hubiera podido imaginar.
«No tenía razón alguna para quitarme a Durc -pensaba Ayla-. Es mi hijo. Tampoco tenía ningún motivo para maldecirme. Fue él quien enojó a los espíritus. Fue él quien provocó el terremoto.» Por lomenos, esta vez ya sabía la que la esperaba. Pero todo sucedió tan aprisa que incluso el clan había tardado algo en aceptarlo, en apartarla de su vista. Pero nadie pudo impedir que Durc la viera, aunque estuviera muerta para el resto del clan.
Broud la había maldecido en un impulso provocado por la ira. Cuando Brun la maldijo por vez primera, había preparado a todos; había tenido razón, ellos sabíanque debía hacerlo y él brindó a Ayla una oportunidad.
Alzó la cabeza afrontando otra borrasca helada y se percató de que oscurecía. Pronto sería de noche y sus pies estaban entumecidos. Una nevisca glacial estaba empapando las envolturas de cuero que protegían sus pies, a pesar del aislamiento de hierbas con que las había rellenado. Sintió algo de alivio al divisar un retorcido pino enano....
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