Cordelia

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Cordelia
Por Maritza Escamilla

Salieron camino a Guanajuato, el día era gris, nada alegre. La pequeña Cordelia llevaba su vestido azul de tres cuartos que a su madre tanto gustaba. La muñeca que ella cargaba tenía su carita desgastada, y sus ropas despintadas, pero aún así era su favorita. Mamá cansada llevaba cinco noches sin dormir y el ruido del tren no la ayudaba mucho en cuanto a suinsomnio. Trató de dormir. Cinco minutos después de conciliar el sueño, el vagón se sacudió, despertó y estaba justo frente a ella.

—Mamá, mamá, ¿a qué hora llegaremos a casa de papá?

—No lo sé corazón. Creo que faltan unas cinco horas. Ven vamos a ver el campo. ¿Puedes ver el sol?, ¿Cómo se esconde?

—Muy poco mamá, recuerda que olvidé mis lentes en casa.

—No te preocupes llegando a casade tu padre pediremos uno nuevos.

La ventana era grande, podían ver todo el panorama, los árboles, las vacas caminando por ahí, algunos caballos, personas sin rumbo, el atardecer.
La pequeña comenzó a imaginar los que haría ella en el campo, con todos los animales postrados fuera de su casita roja como las de las granjas, su madre haciendo waffles por las mañanas, el caminar a la escuela consus amiguitos, llegar por la tarde a ordeñar a las vacas, a cabalgar con los caballos. Dentro de un suspiro se quedó dormida. La madre despojándola de sus brazos, la acostó sobre el asiento frente a ella.
Cordelia dormía, pero aún soñolienta su imaginación no descansaba.

Entre sueños conoció al hombre que manejaba el tren, pero créanme era un hombre muy particular. Bajito, robusto, simpático,misterioso, él la invitó a tocar el claxon para avisar por los cruces de camino que el enorme móvil continuaba su camino.

Le mostraba el resto del tren cantando, era imposible no cantar cuando estabas cerca de él. Se pasearon por las cabinas, viendo a toda clase de personas, madres con sus hijos, hombres de negocios, su madre viendo aún por la ventana, la pequeña dormida frente a ella. Hastaque llegaron a una cabina, donde las ventanas era obscuras, no podías ver hacia adentro, ni un rayito de luz.

—¿Por qué no puedo ver esa cabina? — preguntó Cordelia.

—Mmm, pues creo que esta prohibido en este viaje. — contestó el hombrecillo.

—Pero quiero verla, es tan intrigante, odio lo prohibido, siempre me dan mas ganas de conocerlo.

—Caminemos, no quiero que nada malo te pase, solono te acerques a ella, no lo hagas.

Tan pronto y terminaron el recorrido de ese pasillo, llegaron a la cocina. Una gran cocina, mucha gente trabajando en ella, lo más curioso es que también era gente muy pequeña, todos trabajando sin parar, nadie si distrajo con la llegada de los dos exploradores, hasta que Cordelia distraída, golpeó un mueble y tiró una bandeja. Un estruendoso sonido llenó ellugar, todos pasmados detuvieron lo que hacían, y sin más voltearon hacia donde estaban Cordelia y el hombrecillo.

—¡Hola, queridos compañeros! — dijo el hombrecillo apenado.

—Uff, nos asustaste, pensamos que era aquel…— dijo un cocinero.

—¡NO! ¡Calla…! ¿Quieres decir el Chef?, ¿El jefe? — dijo el hombrecillo.

—Oh, claro. El Chef, mi jefe. — dijo el cocinero percatado de la presenciade la pequeña.

—Órale. Creo que el Chef es muy malo con ustedes. — dijo la pequeña.

—No, no es así mi querida… — dijo el cocinero esperando la respuesta de la niña.

—Cordelia, mi nombre es Cordelia, mi madre me puso así tras de la muerte de mi abuela, a quien no conocí porque murió una año después de que yo nací.

—Me gusta tu nombre Cordelia. Es solo que nos gusta hacerlo todo perfectopara nuestros amigos tripulantes y que nuestro jefe esté contento con lo que hacemos. —

—Pues creo que me encantará la cena. — dijo Cordelia.

—Esperemos que si pequeña, ahora si no te molesta seguiré cocinando, después yo mismo te llevaré el platillo.

—Gracias. Te veré en un rato más.

Siguieron su camino, en el Cordelia encontró una escalera de muchos colores, se detuvo, la miró...
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