Criminalidad

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Derechos Humanos y Criminalidad

La relación entre los derechos humanos y la delincuencia a la que se alude con mayor frecuencia es negativa: defender los derechos humanos, se dice, es lo mismo que defender delincuentes. Quienes defienden los derechos humanos, se añade, impiden que la lucha contra el crimen sea realmente eficaz.

La afirmación admite versiones de la más variada especie, perose la exprese de una manera u otra, la tesis de fondo es siempre la misma: si no se le otorga más libertad de acción a los órganos encargados de la lucha contra el crimen, será imposible abatir la delincuencia. Los derechos procesales que nuestras leyes supuestamente le otorgan a los delincuentes -y gracias a los cuales tantos criminales evitan ser aprehendidos o sujetos a proceso-, son aquí elprincipal obstáculo.
La doctrina no se contenta con eso y, en la práctica, constituye todo un conjunto de ideas, prejuicios y convicciones -de hecho todo un paradigma-, que promete abatir la criminalidad si además de reducirse las garantías procesales, se le imponen a los detenidos penas más severas y se acepta que los tribunales penales deben estar subordinados a los deseos e intereses delministerio público.

Queda advertir, por último, que estas nociones no se reducen al nivel de la teoría: como en buena medida constituyen la doctrina oficial de las procuradurías y de los órganos policíacos, han dado origen, ya, a numerosas reformas legales que han quedado integradas tanto al texto constitucional como a los códigos penales y procesales de las entidades federativas.
Todo esto leplantea a los estudiosos del crimen -es decir, a todos nosotros-, un grave problema: ¿se trata de algo razonable y eficaz? ¿ése es realmente el mejor camino para abatir la delincuencia? La decisión que se adopte depende de un problema central: ¿en verdad los derechos humanos constituyen un obstáculo para abatir el crimen?
Ésta última pregunta podría responderse directamente, pero en este casoresulta más revelador abordar el asunto de otra manera y dar un pequeño rodeo.

La delincuencia como problema social
Como casi siempre conviene empezar por el principio, no está de más recordar que en los últimos cincuenta años la criminología ha sufrido una honda transformación.
La razón central del cambio ha de verse en los profundos cambios que sufrió, a su vez, la concepción de la sociedad, ytanto que hoy se estima que la imagen tan interesadamente elaborada a lo largo del siglo XIX no corresponde -de hecho nunca correspondió-, a la realidad social.
El estudioso del crimen tradicional, ortodoxo, partía de la noción de que la sociedad es un orden monolítico en el que priva el consenso y al que dirige una sola moral -uno y otra, fijados por la ley. En esta concepción, el delincuenteinevitablemente venía a resultar un ser marginal que formaba parte de una minoría que, fuese por patologías personales o desviaciones morales, rechazaba el proceso de socialización que haría de él un individuo “útil a la sociedad”. El delincuente era, ante todo, un “anormal”.

En el contexto de esta noción burguesa y liberal del conjunto social, la tarea del criminólogo quedaba reducida, por unlado, a tratar de moderar los excesos y frenar las arbitrariedades de un sistema de justicia -y de procuración de justicia-, conservador, autoritario y represivo y, por el otro,
a intentar que la dureza y términos del castigo impuesto al infractor no cancelaran por completo lo que utópicamente llegó a llamarse su “rehabilitación”.

Sólo que el tiempo y la realidad acabaron por imponer unavisión de la sociedad del todo distinta a la que la ley da por supuesta, y hoy se la concibe como una suma, a veces caótica, de divergencias culturales y morales, de posiciones e intereses encontrados, de ideologías opuestas, de grupos y sub culturas en pugna por encontrar reconocimiento y espacio.
Una de las consecuencias de esta transformación, es que el criminólogo ya no puede seguir viendo al...
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