Cronica de una muerte anunciada

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  • Publicado : 20 de febrero de 2011
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“Crónica de una muerte anunciada”
El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levanto a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba unbosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. Siempre soñaba con arboles, me dijoplacida linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entrelos almendros, me dijo. Tenia una reputación muy bien ganada de interprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en eses dossueños de su hijo, ni en los otros sueños con arboles que él le había contado en las mañana que precedieron a su muerte.
Tampoco Santiago Nasar reconoció el presagio. Había dormido poco y mal, sinquitarse la ripa, y dispuesto con dolor de cabeza y con un sedimento de estribo de cobre en el paladar, y los interpreto como estragos naturales de la parranda de bodas que se había prolongado hastadespués de la media noche. Más aún: las muchas personas que encontró desde que salió de su casa a las 6.05 hasta que fue destazado como un cerdo una hora después, lo recordaban un poco soñoliento perode buen humor, y a todos les comento de un modo casual que era un día muy hermoso, Nadie estaba seguro de si se refería al estado del tiempo. Muchos coincidían en el recuerdo de que era una mañanaradiante con una brisa de mar que llegaba a través de los platanales, como era de pensar que lo fuera en un buen febrero de aquella época. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que era un tiempo fúnebre,con un cielo turbio y bajo y un denso olor de aguas dormidas, y que en el instante de la desgracia estaba cayendo una llovizna menuda como la que había visto Santiago Nasar en el bosque del sueño. Yo...
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