Cronicas de narnia

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Primera edición, 1989
Segunda edición, 1991

Traducción de
MARIA ROSA DUHART SILVA

© Originalmentepublicado en inglés
por William Collins Sons & Co. Ltda.
bajo el título: The Silver Chair.

© EDITORIAL ANDRES BELLO
Av. Ricardo Lyon 946, Santiago de Chile

Inscripción N° 71.516

Se terminó de imprimir esta tercera edición
de 10.000 ejemplares en el mes de septiembre de 1993
Distribución autorizada para Chile

IMPRESORES: Alfabeta

IMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE

ISBN956-13-0741-2

Índice

I DETRAS DEL GIMNASIO 9
II JILL TIENE UNA TAREA 15
III EL REY SE EMBARCA 21
IV UN PARLAMENTO DE BUHOS 27
V BARROQUEJON 34
VI LOS AGRESTES YERMOS DEL NORTE 41
VII LA COLINA DE LAS ZANJAS EXTRAÑAS 48
VIII LA CASA DE HARFANG 55
IX COMO DESCUBRIERON ALGO QUE VALIA LA PENA SABER 61
X VIAJES SIN VER EL SOL 67
XI EN EL CASTILLOTENEBROSO 74
XII LA REINA DE BAJOTIERRA 80
XIII BAJOTIERRA SIN LA REINA 87
XIV EL FONDO DEL MUNDO 94
XV JILL DESAPARECE 100
LA SILLA DE PLATA: Comentario de Ana María Larraín 113

C. S. LEWIS

LAS CRONICAS DE NARNIA

LIBRO IV LA SILLA DE PLATA

ILUSTRACIONES DE ALICIA SILVA ENCINA

COMENTARIO DE ANA MARIA LARRAIN

EDITORIAL ANDRES BELLO

A Nicholas Hardie

IDETRAS DEL GIMNASIO

ERA un día gris de otoño y Jill Pole estaba llorando detrás del gimnasio.
Lloraba porque le habían estado metiendo miedo. Este no va a ser un cuento de colegio, así que les diré lo menos posible sobre el de Jill, porque no es un tema muy agradable. Era un colegio “coeducacional” para niños y niñas, lo que se llama habitualmente un colegio mixto; dicen que más mixtaseran las mentalidades de quienes lo dirigían, que opinaban que se debía dejar a los alumnos hacer lo que quisieran. Y desgraciadamente lo que diez o quince de los mayores preferían era intimidar a los demás. Hacían toda clase de cosas, cosas terribles que en cualquier otro colegio habrían llamado la atención y se les habría puesto fin de inmediato; pero no sucedía así en este colegio. Y aun si asífuera, no se expulsaba o castigaba a los culpables. El Director decía que se trataba de casos psicológicos sumamente interesantes, los hacía acudir a su oficina y conversaba con ellos durante horas. Y si tú sabes cómo hablarle a un Director, al final terminarás siendo su favorito.
Por eso Jill Pole lloraba en aquel nublado día otoñal en medio del húmedo sendero situado entre la parte traseradel gimnasio y los arbustos del jardín. Y todavía estaba llorando cuando un niño dobló la esquina del gimnasio. Venía silbando y con las manos en los bolsillos y por poco tropieza con ella.
—¿No puedes mirar por donde caminas? —dijo Jill Pole.
—Está bien —dijo el niño—, no tienes para qué ponerte...
Y entonces se dio cuenta de que estaba llorando.
—¿Qué te pasa, Pole?
Jillsólo consiguió hacer una mueca; esa clase de muecas que haces cuando tratas de decir algo pero te das cuenta de que si hablas vas a empezar a llorar de nuevo.
—Debe ser por culpa de ellos, supongo, como de costumbre —dijo con dureza el niño, hundiendo más aún sus manos en los bolsillos.
Jill asintió. No tenía necesidad de añadir nada más, aunque hubiese podido hacerlo. Ambos sabían.—Pero mira —dijo el niño—, es el colmo que todos nosotros...
Su intención era buena, pero habló como quien va a decir un discurso. A Jill le dio mucha rabia (lo que es muy comprensible que te suceda cuando te han interrumpido en pleno llanto).
—Oh, ándate y no te metas en lo que no te importa —dijo—. Nadie te ha pedido que vengas a entrometerte en mis cosas, ¿no es verdad? Y no eres...
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