Cuando era feliz e indocumentado

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Gabriel García Márquez

Cuando era feliz e indocumentado

El año mas famoso del mundo

El año internacional de 1957 no empezó el primero de enero, empezó el miércoles 9, a las seis de la tarde, en Londres. A esa hora, el primer ministro británico, el niño prodigio de la política internacional, Sir Anthony Eden, el nombre mejor vestido del mundo, abrió la puerta del 10, DowningStreet, su residencia oficial, y fue esa la última vez que la abrió en su calidad de primer ministro. Vestido con su abrigo negro con cuello de peluche, llevando en la mano el cubilete de las ocasiones solemnes, Sir Anthony Eden acababa de asistir a un tempestuoso consejo de gobierno, el último de su mandato, el último de su carrera política. Aquella tarde, en menos de dos horas, Sir Anthony Edenhizo la mayor cantidad de cosas definitivas que un hombre de su importancia, de su estatura, de su educación, puede permitirse en dos horas: rompió con sus ministros, visitó la reina Isabel por última vez, presentó su renuncia, arregló sus maletas, desocupó la casa y se retiró a la vida privada.

En enero se fue Eden y llegó la princesa de Monaco

Más que otro hombre cualquiera, Sir AnthonyEden había nacido con el 10, Downing Street grabado en el corazón, inscrito en la línea de la mano. Durante treinta años había hechizado los salones de Europa, las cancillerías de toda la tierra, y había desempeñado un papel notable en los más grandes negocios políticos del mundo. Se había fabricado una reputación de elegancia física y moral, de rigor en los principios, de audacia política, queescondían al gran público ciertas debilidades de su carácter, sus caprichos, su desorden, y esa tendencia a la indecisión que en ciertas circunstancias podía conducirlo a decidir demasiado pronto, demasiado a fondo, solo y contra todos. Tres meses antes —el 2 de noviembre de 1956— Sir Anthony Eden, frente a la secreta invitación de Francia a tomarse por asalto el Canal de Suez, se había mostrado tanindeciso que decidió demasiado pronto, demasiado a fondo, contra el parecer de la mayoría de sus ministros, de los astutos y cautelosos banqueros británicos, del Arzobispo de Canterbury, de la prensa e incluso del pueblo de Londres, que expresó su desacuerdo en la más grande manifestación popular que ha visto Trafalgar Square en el presente siglo. Como consecuencia de esta decisión solitaria yprecipitada, tuvo que decidir en esas dos horas melancólicas del nueve de enero —y esta vez con la aprobación de sus ministros, con la aprobación de las grandes mayorías del Imperio Británico— el acto más trascendental de su vida: la renuncia.
Esa misma noche, mientras Sir Anthony Eden, acompañado por su esposa Lady Clarissa, sobrina de Winston Churchill, se trasladaba en su largo automóvil negro asu residencia particular en los suburbios de Londres, un hombre tan alto como él, tan bien vestido como él, pasó del número 11 al número 10 de Downing Street. El señor Harold MacMillan, el nuevo primer ministro, sólo tuvo que caminar 15 metros para hacerse cargo de los delicados negocios del Imperio Británico.
Esa noticia, que estalló como un torpedo en la primera página de todos los periódicosdel mundo, debió llegar, sin embargo, como un rumor sin sentido a la apretada multitud de 4.000 personas que pocas horas después se concentró del otro lado del Atlántico, frente al pequeño templo protestante de Los Angeles, California, para asistir a los oficios funerarios de Humphrey Bogart, muerto a causa de un cáncer en la garganta, el domingo 6 de enero. "Creedme — había dicho en ciertaocasión Humphrey Bogart—: que yo tengo más admiradores mayores de ocho años y menores de sesenta, que ninguna otra persona en este país, y es por eso por lo que gano 200.000 dólares por película". Pocas horas antes de morir, el gangster más querido del cine, el tierno matón de Hollywood, había dicho a su amigo de toda la vida, Frank Sinatra: "Lo único que va bien es mi cuenta bancaria".
El grande...
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