Cuando hitler robo el conejo rosa

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Cuando Hitler robó el conejo rosa
Judith Kerr

Traducción de Mana Luisa Balseiro Ilustraciones de Judith Kerr

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Cuando Hitler robó el conejo rosa
TÍTULO ORIGINAL:
WHEN HITLER STOLE PINK RABBIT
D.R. © Del texto: JUDITH KERR
1971, JUDITH KERR de esta edición:
1978, Ediciones Alfaguara, S. A.
1986, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A.
1992, Santularia, S. A.
Elfo, 32. 28027 MadridTeléfono 322 45 00
• Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de Ediciones Beazley, 3860. 1437 Buenos Aires
• Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de C. V. Avda. Universidad, 767. Col. Del Valle, México, D.F. C.P. 03100
I.S.B.N.: 84-204-4791-9
Depósito legal: M. 19.505-1995
Primera edición: marzo 1978
Vigésima octava reimpresión: julio 1995
Una editorial del grupo Santillana que editaen:
España • Argentina • Colombia • Chile • México E.E.U.U. • Perú • Portugal • Puerto Rico • Venezuela
www.alfaguarainfantil.com.mx
Diseño de la colección:
JOSE CRESPO, ROSA MARIN, JESÚS SANZ
Impreso sobre papel reciclado de Papelera Echezarreta, S. A.
Printed in Spain
Todos los derechos reservados.
Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, otransmitida
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previo por escrito de la editorial

A mis padres, Julia y Alfred Kerr

Capítulo 1

Anna volvía del colegio con Elsbeth, una niña de su clase. Aquel invierno había nevado mucho enBerlín. La nieve no se había derretido; los barrenderos la habían apilado en el borde de las aceras, y allí había permanecido semanas y semanas, en tristes montones que se iban poniendo grises. Ahora, en febrero, empezaba a deshacerse, y había charcos por todas partes. Anna y Elsbeth, calzadas con botas de cordones, se los iban saltando.
Las dos niñas llevaban abrigos gruesos y gorros de lana paratener abrigadas las orejas, y Anna llevaba además una bufanda. Anna tenía nueve años, pero era bajita para su edad, y los extremos de la bufanda le colgaban casi hasta las rodillas. También le tapaba la boca y la nariz, de modo que lo único que se le veía eran sus ojos verdes y un mechón de pelo oscuro. Se había apresurado porque quería comprar unos lápices de colores en la papelería y ya era casi lahora de comer; pero iba tan sin aliento que se alegró de que Elsbeth se detuviera a mirar un gran cartel rojo.
— Es otro retrato de ese señor — dijo Elsbeth — . Mí hermana la pequeña vio uno ayer y se creyó que era Charlie Chaplin.
Anna contempló la mirada fija y la expresión severa. Luego dijo:
— No se parece en nada a Charlie Chaplin, como no sea en el bigote.
Leyeron el nombre que habíadebajo de la fotografía.
Adolf Hitler.
—Quiere que todo el mundo le vote en las elecciones, y entonces les parará los pies a los judíos —dijo Elsbeth—. ¿Tú crees que le parará los pies a Rachel Lowenstein?
—A Rachel Lowenstein no la puede parar nadie —respondió Anna—. Es capitana de su clase. A lo mejor me para los pies a mí. Yo también soy judía.
—¡Tú no!
—¡Claro que sí! Mi padre nos estuvohablando de eso la semana pasada. Dijo que éramos judíos, y que, pasara lo que pasara, mi hermano y yo no debíamos olvidarlo nunca.
—Pero vosotros no vais a una iglesia especial los sábados, como Rachel Lowenstein.
—Eso es porque no somos religiosos. No vamos a ninguna iglesia.
—Pues a mí me gustaría que mi padre no fuera religioso —dijo Elsbeth—. Nosotros tenemos que ir todos los domingos, y a míme dan calambres de estar sentada.
Elsbeth miró a Anna con curiosidad.
—Yo creí que los judíos tenían que tener la nariz ganchuda, pero tú la tienes normal. ¿Tu hermano tiene la nariz ganchuda?
—No —dijo Anna—. La única persona que hay en casa con la nariz ganchuda es Bertha, la criada, y se le quedó así porque se la rompió al caerse del tranvía.
Elsbeth empezaba a impacientarse.
—Pues...
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