Cuando me muera quiero que me toquen cumbia

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Cristian Alarcón
Cuando me muera
Quiero que me toquen cumbia
Vidas de pibes chorros
Investigación periodística
De Silvina Seijas
Índice
Prólogo 15
Capítulo 1 21
Capítulo II 45
Capítulo III 71
Capítulo IV 83 CapítuloV 99Capítulo VI 129 Capítulo VII 149
Capítulo VIII 175
Capítulo IX 195
Epilogo 215
Agradecimientos 219
“(...) El traidor vive entre dos lealtades; vive en el doble sentido, en el disfraz. Debe fingir, permanecer
en la tierrabaldía de la perfidia, sostenido por los sueños imposibles de un futuro donde sus
vilezas serán, por fin, recompensadas. Pero ¿de qué modo serán recompensadas en el futuro las vilezas del traidor?”
RICARDO PIGLIA, Respiración Artificial
“Llamo violencia a una audacia en estado de reposo enamorada de los peligros. Se la distingue en una mirada,
en una forma de caminar, en una sonrisa, y es enustedes en quienes produce oleajes. Los desconcierta.
Esta violencia es una calma que los agita.” JEAN GENET, Diario del ladrón
“Lo que caracteriza el concepto de aventura y lo distingue de todos los fragmentos de la vida(...) es el hecho de que algo
aislado y accidental pueda responder a una necesidad y abrigar un sentido.”
GEORGE SIMMEL, Sobre la aventura
Prólogo
Cuando llegué a la villa sólosabía que en ese punto del conurbano norte, a unas quince cuadras de la
estación de San Fernando, tras un crimen, nacía un nuevo ídolo pagano. Víctor Manuel “El Frente” Vital, diecisiete años, un ladrón acribillado por un cabo de la Bonaerense cuando gritaba refugiado bajo la mesa de un rancho que no tiraran, que se entregaba, se convirtió entre los sobrevivientes de su generación en unparticular tipo de santo: lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla. Entre los trece y los diecisiete años el Frente robaba al tiempo que ganaba fama por su precocidad, por la generosidad con los botines conseguidos a punta de revólveres calibre 32, por preservar los viejos códigos de la delincuencia sepultados por la traición, y porir siempre al frente. La vida de Víctor Vital, su muerte, y las de los sobrevivientes de las villas de esa porción del tercer cordón suburbano
—la San Francisco, la 25 de mayo y La Esperanza—, son una incursión a un territorio al comienzo hostil, desconfiado como una criatura golpeada a la que se le acerca un desconocido. La invocación de su nombre fue casi el único pasaporte para acceder a losestrechos caminos, a los pequeños territorios internos, a los secretos y las verdades veladas, a la intensidad que se agita y bulle con ritmo de cumbia en esa zona que de lejos parece un barrio y de cerca es puro pasillo.
Quizás hubiera sido mejor revelar la identidad de un asesino, la mecánica de un fusilamiento, un mensaje de la mafia, la red de poder de un policía corrupto, un crimen pasionalcometido con una faca bien afilada. Detrás de cada uno de los personajes se podría ejercer la denuncia, seguir el rastro de la verdad jurídica, lo que los abogados llaman “autor del delito” y el periodismo «pruebas de los hechos». Pero me vi un día intentando torpemente respetar el ritmo bascular de los chicos ladrones de San Fernando, sentado durante horas en la misma esquina viendo cómo jugabanal fútbol y sancionaban a las patadas al mal zaguero central.
Me vi sumergido en otro tipo de lenguaje y de tiempo, en otra manera de sobrevivir y de vivir hasta la propia muerte. Conocí la villa hasta llegar a sufrirla. Con el tiempo y el progreso del asfalto y la urbanización impuesta por el municipio, la villa San Francisco, y a sus costados norte la 25, y sur La Esperanza, se fueron...
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