Cuento de maria auxiliadora

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  • Publicado : 12 de mayo de 2011
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Valentina era una campesina de mejillas rosadas y rebosante de vitalidad. Había nacido en un pueblecito del montañoso piamonte. Sus padres le habían acostumbrado, desde niña, a bajar regularmente hasta Turín para venerar las reliquias de San Juan Bosco y quedarse algunas horas rezando en la basílica de María Auxiliadora.

El ambiente recogido y solemne de aquella iglesia le extasiaba. Todoestaba marcado por la presencia del fundador de los salesianos e inundado de jovial devoción a María Auxiliadora.

San Juan Bosco era, sin duda, el santo de la alegría, de la Fe y de la confianza.

Se preguntaba igualmente cómo era posible que sintiera tanta comodidad dentro de un templo tan majestuoso y espléndido. Y se maravillaba al pensar que ese grandioso edificio había sido construido sinque San Juan Bosco contara con suficientes recursos económicos, confiando día a día en el auxilio de la Virgen Santísima para poder continuar las obras empezadas.

Aunque en menor medida, Valentina sentía una consolación similar cuando visitaba la parroquia de su pequeña ciudad, donde se veneraban dos hermosas imágenes de María Auxiliadora y San Juan Bosco. En aquella iglesia se había casado ya cada uno de sus hijos, al nacer, los había encomendado a los dos para que los protegiesen, amparasen y guiasen por el buen camino. Ya tenía tres niños: Angelina, la mayor, piadosa como su madre, Giovanni y Giuseppe, dos gemelos traviesos como San Juan Bosco lo había sido, pero obedientes y cariñosos.

Giacomo, su marido, era un hombre honesto y trabajador. Con todo, enfermó gravemente yValentina se vio obligada a vender pastelitos dulces y salados, cosa que hacía con primor, para mantener a su familia durante prolongados meses. Sin embargo, los medicamentos de su esposo eran muy caros, y las deudas iban acumulándose...

Pasaba noche y día pensando cómo conseguir los medios para cancelarlas. Hasta que se le ocurrió una idea... Tomó un pequeño sombrero de paja y se fue a laiglesia, y le dijo al P. Francesco:

— He venido a traerle un regalo a San Juan Bosco.

Y le entregó el tosco sombrero. El sacerdote se quedó perplejo, pero mirando con bondad a su feligresa le replicó:

— Hija mía, ¿qué puede hacer San Juan Bosco con este regalo?

Valentina le explicó las dificultades por las que estaba pasando su familia. Le recordó como San Juan Bosco llevaba a cabo, sindinero, grandes empresas, confiando en que María Auxiliadora le obtendría los medios. Y le reveló que sentía en su interior tener la certeza de que el santo le ayudaría si le fuera puesto en las manos de la imagen aquel sombrero.

El sacerdote estaba acostumbrado a lidiar con la simplicidad bonachona de los habitantes de las aldeas de la comarca y su tozudo carácter.

Miró con profundidad aValentina, hizo una rápida valoración y aceptó su pedido. Había visto en ella mucha Fe y estaba seguro de que los demás parroquianos no se escandalizarían cuando vieran tan extraño adorno en la mano del santo; tan sólo se llevarían una sorpresa. De una forma paternal intentó confortarla con palabras de aliento y le prometió que la tendría muy presente en las intenciones de las Misas.

Ahorabien, el plan de Valentina causó sensación en la ciudad. Todo el que entraba en la iglesia se preguntaba: ¿por qué la imagen de San Juan Bosco tenía ese sombrero en su mano?

Quizá hubiera alguna necesidad en la parroquia que el sacerdote no podía revelar... Y la gente comenzó a depositar en él sus ofrendas.

El P. Francesco se quedó admirado con la reacción del pueblo y, todos los días,entregaba a la buena señora la cantidad recaudada por la imagen. Al principio sólo había monedas, pero poco a poco aparecieron billetes de un valor considerable.

Pasadas unas semanas, Valentina había podido pagar las deudas más apremiantes; aún le quedaba saldar otras muchas...

Una tarde apareció en la ciudad un reputado médico de Turín. Era un amante de la naturaleza y reservaba buena parte de...
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