Cuento golpiza de caricias

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Golpiza de caricias
AUTOR: ÁNGEL DÍAZ

PROFESIÓN: PERIODISTA VENEZOLANO EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA. MAGÍSTER EN COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA, INSTITUCIONAL Y EMPRESARIAL, EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. EN LA ACTUALIDAD, INICIÓ ESTUDIOS DE DOCTORADO EN CREATIVIDAD APLICADA EN ESPAÑA

Quiero ser incisiva en el aquí. Más aún cuando el cometido exige tanto,como la perspectiva. Todo comienza y termina cuando se reparten besos, de ésos ensimismados, ficticios, certeros, in-gratos, in-maduros o demasiados in-formales. De ser venturosamente farsantes, rara vez, ésos besos, dejan los cachetes pintorreados de sebos. Pero cuando se conquista la idolatría, ésos roces, son tan locuaces como su faena retórica.
Del mismo modo, aquí siempre se pasa o seextiende formidablemente la mano, y ulteriormente se estremecen inconmensurablemente los favores. Y se concede el gesto porque se tiene que procurar, cuestión de perspicacia, tal vez. Por ello es que se justiprecian las cuestiones, sin medir de qué manera se repartieron. Pensándolo bien, a veces, sólo se rozan talantes pensativos para compartir el guiño del momento, reverencias para así sentirse apegadosa quehaceres alejados, verosímilmente con un mismo interés, aunque los modos recientes parezcan un tanto pasmosos.

- Primer intermedio: La tórrida humedad emerge del piso tras el diluvio. Eso no impide que allá ambos se pongan de acuerdo. Ambos están muy apremiados, no puede aguantarse para el fin de la semana, o, como mínimo, para después de las cinco de la tarde. Saliendo antes y, pordetrás, del estacionamiento –maduran- esquivarán “sanamente” los miramientos de los fisgones. Pero del piso 20/20, al aparcamiento, hay un trecho grosero. Al fin, él logró parar a un taxi pirata muy cerca de la Av. AB y C también (sí usted quiere inventársela), colindante con una barriada peliaguda. Así se le hace más fácil la privacidad, cree él. Ella –por su parte-, le pidió el favor a la “¡caídade la mata!” de su presunta pariente, quien -cuál cachifa-, le cantó la zona hasta penetrar el blindaje de los carros. Las demás técnicas circunvecinas chacharean que el verdadero cónyuge es un inspector de tribunales. Cabe aquí –quizás- la lotería, por conocimientos detectivescos (de paparazzi) no aprovechados en éste país tercermundista fragmentadamente rosa; ¡patético, sensacionalista,amarillista!; insulsamente rosa, políticamente rosa y, recelosamente, por una parte carmesí. Mientras tanto, las exiguas “radio pasillo” vaticinaron -de antemano- que J_ _ (_) _ _ _ N (juego infantil: El ahorcado por flojedad del espacio falso), fue el primero; y ¡no! éste señor enérgico aún y glotón (a pesar de su piel longeva) que ya la espera en el taxi y, al que aclaman: “¡Caballo Viejo!,¡¡¡caraaacha!!!”. Y ella, conquistó lo que quería: subirse al relamido taxi. Hasta los cocheros neófitos se dan cuenta, ¡no crean en gafos, mucho menos en pendejos!: inclinaciones extrañas en los asientos de atrás mientras transitan las llameantes avenidas y arterias rojitas de Caracas. Lentes de sol en un día que acaba de dejar de ser lluvioso. Capuchas como escudos de pre-parto debido a las trancas en la vía.Se piensa que los vidrios ahumados disimulan el tropical encantamiento, aún cuando la paranoia continúe: “¡Lánzate pa` la maleta del carro porque no me cabes en la guantera! ¡Agaaacha la cabeza mija! ¡Entra tú primero, que yo te alcanzo!”. En sí, ellos mismos se desnudan, y descifran sus andanzas. ¡Cómo sí el cuerpo mismo no fuera suficiente para vislumbrar la sospecha que se entreteje! Ycolorín-colorado, (coloradísimo de un rubí desenfreno), durante la postrimería de ésta fábula, eyaculó una literal tormenta: aquella complaciente “carroza” sin lazos, flores y sin latas rodando a sus espaldas (a la que hemos llamado taxi malandrín) tuvo como destino “moralista”, no un hotel, ni motel, sino un apartamento en la zona capitalina de Los Robles, muy cerca de una funeraria.

Seguimos...
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