Cuento otra maldad de pateco

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Otra maldad de Pateco

El negro José Clemente
perdidamente se enamoró
en el río de la Plata
de la mulata María Laó

* Folklore boricua

Papá Ogún, dios de la guerra
que tiene botas con betún
y cuando anda tiembla la tierra…

* Luis Palés Matos

Los Montero eran dueños de un próspero ingenio azucarero. Veinticinco esclavos negros se estostuzaban de sol a sol para cebarle lapansa y el bolsillo a la familia. La casona de los Montero se alzaba cada vez más alta, blanca y orgullosa por encima de las guajanas.
Pateco Patadecabro, siempre travieso y burlón, quiso jugarle una broma gorda a los Montero. Y con el sí de los dioses africanos, metió la pezuña delantera en tinta china, se la espolvoreó con harina de trigo y canto desentonado:
Tranco y saco
Saco y trancoBlanco y negro
Negro y Blanco

¡Sáquenme ese monstruo de aquí! – berreó Doña Amalia Montero, palideciendo al ver lo que, tras nueve meses de malestares, pataleaba alegremente a su lado. Y se puso más blanca que Blanca Nieves cuando la comadrona le aseguró que se trataba de nada menos que de su legítimo y tan esperado primogénito, el cual, por esas trampas misteriosas de la vida, había nacidocon el cuerpo blanco y la cabeza negra.
Demás está decir que la infeliz madre no quiso creerlo. ¿Qué tenía que ver esta bestia bicolor con sus jinchisímas carnes, rubias melechas y azul sangre azul heredada de Castilla la Vieja? ¿Qué dirían las encopetadas damas y distinguidos caballeros criollos en el bautizo del exotiquísimo recién nacido?
La obesa rata de la duda roía incansable el corazónde Don Felipe Montero. Una noche lluviosa ordenó a Cristóbal, uno de sus esclavos, que se llevara a la comprometedora criatura y la dejara abandonada en el monte, a la merced de los elementos.
Pero Cristóbal, como suele suceder en estos casos, se apiadó del niño y le salvó la vida, dejándolo al cuidado de una curandera nombrada Mamá Ochú. Mamá Ochú vivía en una humilde casita a orillas delrío de la Plata. Allí se ocupó del crío, lo amamantó y lo vistió como pudo dentro de su pobreza. Tan pronto tuvo el niño capacidad, le dijo su guardiana:

José Clemente te llamarás. Y de esta casa no saldrás sin mi permiso. Afuera anda suelto el mal. Encerrado en la casucha, ignorante del mundo, José Clemente veía pasar los días sin distinguirlos de las noches. Los cuentos que le hacía MamáOchú – cuentos de Pateco, Calconte y la Gran Bestia, de Juan Calalú y la Princesa Moriviví – eran su única distracción.
Pero al niño le habían crecido tanto la curiosidad y la sed de vida que un día le pregunto –con mucho respeto – a la vieja curandera:

* ¿Por qué soy blanco y tu negra, Mamá Ochú?

Del susto, Mamá Ochú se persigno tres veces y una al revés. En la casa no habíanespejos y el niño, que sólo veía su cuerpo y nunca su cabeza, juraba por su blancura total. Mamá Ochú no supo cómo decirle la verdad y por no causarle pena, le soltó:

* Porque así lo dispuso el Señor Todopoderoso Changó.

El niño pareció conformarse con la explicación. O se hizo. Pasó el tiempo y Mamá Ochú andaba ya creída de que el temporal ya había pasado, cuando dio un revirón:

*Mamá Ochú, ¿De qué color son mis ojos?
* Azulitos como el río – mintió la pobre vieja, pidiéndole perdón a Changó por semejante sacrilegio.
* ¿Y mi pelo, Mamá Ochú?
* Amarillito como el sol.

Entonces fue que a José Clemente le entraron verdaderos deseos de conocer el río, de ver el sol y de contemplarse la cabeza. Pero su guardiana le recordó que el mal andaba suelto por loscampos y el pobrecito siguió fermentando fantasías en su alambique de sueños clandestinos.
Siguieron galopando los años. José Clemente era un muchacho alto y fuerte. Su curiosidad se había estirado con él. Un día que Mamá Ochú andaba porái buscando leña para el fogón, una sospechosísima ráfaga de viento abrió de sopetón la ventana. Y nacieron el mundo, el río y el sol.
Y algo más. Por...
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