Cuento para literatura

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La Niña que Quería un Príncipe
Vanesa miraba escondida detrás de un árbol en el jardín de la casa de su abuela a un muchacho que estaba leyendo sobre el pasto.
–Hola, bonita –la descubrió y se incorporó mirándola con curiosidad.
Vane salió de su escondite pero no dijo nada. Lo miraba inquietante.
–Tú eres Vanesa, ¿verdad?
Ella sólo asintió con la cabeza y bajó la mirada a la puntade sus tenis. ¿Por qué el extraño sabía su nombre?
–Yo soy Alex.
–¿Cómo sabes mi nombre? –se animó a hablarle.
–Tu abuela es amiga de la mía.
–¿Cuántos años tienes? –al parecer era un buen chico.
Alex rió bajito y con una sonrisa encantadora contestó a su pregunta.
–Diecisiete ¿y tú?
–Nueve y medio –le respondió formando el número con sus deditos.
–Estas en la primaria,¿no?
–Sí, en cuarto año, la señorita Irma dice que yo soy la más lista de mi salón.
–Ah, ¿sí?
Vanesa asintió y por primera vez lo miró a los ojos. El chico la miraba con la comisura de sus labios dibujando una sonrisa, ella le devolvió el gesto.
Varios días después el chico volvió a visitar la casa. Vane se acercó sigilosamente. Alex notó su presencia y la saludó enérgicamente.
–Hola,nena, ¿cómo estás?
Vanesa lo miró sin decir nada y lentamente se acercó a él. Vaya qué era alto. Seguro le llegaba a la cintura.
–¿Quieres jugar conmigo en el jardín? –preguntó con un poquito de pena.
–Claro.
Vanesa le tomó la mano y lo dirigió al lugar, donde comenzaron a jugar a las escondidas. Después de un ratito, cuando el juego se volvió aburrido, la niña lo invitó a su casa en elárbol.
Y volvieron a pasar varios días de que Vane volviera a ver a su nuevo amigo. Un día que Alex fue a visitarla junto con su abuela, Vanesa se acercó sin miedo y llegándole por la espalda lo sorprendió. Alex fingió sufrir un infarto y se tiró al piso. La niña comenzó a sacudirlo para que “reviviera” y en un ágil movimiento el muchacho se levantó, la agarró de la cintura y se la colgó en elhombro como si fuera un costal. Vanesa empezó a gritar emocionada que la bajara.
–¡Niños! –una señora con cara de abuelita regañona irrumpió en la sala mirándolos severamente. – Alejandro ¡Por Dios! Bájala, ¿qué es eso? Ella es una damita. ¡Compórtate como un muchacho de tu edad!
–Sí, abuela.
La abuela de Alex salió del lugar dedicándoles una ultima mirada desaprobadora. Cuando se huboido Alex comenzó a imitarla en plan de burla, y Vane se aguantó la risa lo más que pudo.
–Salgamos al jardín –sugirió Alex empujando levemente a la niña por la espalda.
Vane iba saltando alegremente y el chico la seguía. De pronto la niña se detuvo y contempló las cintas de sus tenis converse desabrochadas.
–Permítame señorita –exclamó Alex y la levantó para sentarla sobre una de lasbanquitas del jardín.
Se inclinó sobre su pie y le abrocho las cintas.
–Disculpe Cenicienta, ¿gusta usted que le limpie sus tenis?
–Aja –respondió la niña y se rió divertida.
Alex fingió que les escupía y los boleaba.
Después, sin que Vane dejara de reír hizo una exagerada reverencia y le besó la mano.
Esta vez jugaron a “La Traes” pero Alex se cansó rápido. El chico se recostó sobreel pasto y se tapó los ojos con un brazo para que no le diera el sol. Vanesa sin dejar de contemplarlo se sentó junto a él.
–¡Alejandro, hora de irnos! –exclamó una voz desde la casa.
Alex se incorporó y mirando a la pequeña arrancó una flor del jardín.
–Nos vemos, princesa Cenicienta –se la dio y se dio la vuelta.
–¿Alex? –lo llamó y el chico giró sobre sus talones para verla a losojos –¿Serás mi príncipe siempre?
–Claro que sí, princesita –y guiñándole un ojo se marchó.
Vanesa inhaló el aroma de la flor y se dio cuenta de que cuando fuera grande se iba a casar con Alex. No había duda, él era divertido, juguetón y guapo como los príncipes que salían en las películas de princesas.
Al día siguiente Alex visitó a la abuelita de Vane, en realidad había ido por la...
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