Cuento

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 8 (1887 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 23 de marzo de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
Un toque de felicidad

Un sonido agudo empezó a sonar a las 6:00 a.m. de un lunes más. Rebecca, inconscientemente, estiró su brazo para poder apagar la alarma que sonaba y poder dormir un rato más. Acto seguido, se dio media vuelta en su cama y volvió a acomodarse como si apenas fuera hora de empezar a dormir. Estaba tratando de volver al sueño, pero todos los pensamientos que giraban ensu mente no se lo permitían. Rebecca era una muchacha delgada y de muy buena estatura, pero por ser la más alta de su familia y compañeros, siempre tendía a encorvarse. Su cara y piel eran totalmente blancas y sin imperfección alguna, y a pesar de ser la única en su familia con ojos cafés (todos los tenían azules) su mirada era aún más penetrante y llamativa. Desafortunadamente, su cabello siemprehabía sido un problema: largo, corto, suelto, recogido; nunca se podía acomodar esa gran cabellera café, aunque así había tenido que aprender a vivir. Pasaron unos minutos, que a Rebecca le parecieron segundos, cuando su madre entró al cuarto y al encender la luz, dio por entendido que ya debía levantarse.

Rebecca se vistió sin ganas y eligió lo primero que encontró en su clóset: unospantalones de mezclilla muy usados y una camisa blanca lisa. Mientras hacía esto, deseaba terriblemente que de la nada sucediera un terremoto, un huracán, un diluvio, ¡lo que fuera!, con tal de no ir a la escuela. La razón de todas estas plegarias tan extrañas era que durante toda su vida, Rebecca había obtenido muy buenas calificaciones y bastantes premios y reconocimientos, al igual que había ganadoconcursos estatales y regionales de ciencia, física, química; en fin… Tenía el prototipo de la alumna perfecta. ¿Y hay algún problema en todo esto? Pues sí, sencillo; al ser tan aplicada durante todos esos años, había omitido la parte de la diversión, los amigos y el descanso. Por si fuera poco, Rebecca había dedicado todos esos años a tratar de hacer amistad con los "populares" de la escuela; túsabes, el grupo de amigos y amigas en el que todos son bonitos y tienen cuerpos y vidas perfectas, pero eso sí, carecen de cerebro y por lo tanto, de inteligencia. Rebecca sentía que al hacerles las tareas, proyectos, trabajos e incluso cumplir con sus castigos, ella sería parte de ellos o por lo menos sería tomada un poco más en cuenta.

Así pasaron los últimos minutos seguros en su casa,dándole vueltas a lo mismo. ¿Hoy qué tarea le tocaría hacer?, ¿quién le pediría que le hiciera su proyecto de última hora en el receso? En cierto modo, Rebecca había vivido engañada. Dentro de ella sabía que las cosas nunca cambiarían. Ya habían pasado 10 años así, ¿qué podría pasar para que esta rutina cambiara drásticamente de un día para otro? Los minutos que hizo de su casa a la escuela le parecieronigual de rápidos que los minutos extra de sueño. Rebecca seguía esperando que algún fenómeno pasara en ese lapso. Al caminar por el pasillo concurrido de alumnos en la escuela, se sentía como una pequeña sombra que pasaba desapercibida. Finalmente llegó al salón y se sentó en la silla más escondida que había. Después de que sonó el timbre, el salón se empezó a llenar de alumnos y por último,entró el maestro. Sin siquiera saludar, el maestro empezó a dar una clase aburrida de matemáticas, sin importarle quien lo estaría escuchando. Rebecca se encontraba meditando en su mundo cuando de repente alguien la sacó de él.

- Ei, ei… ¡Beca! - le gritó Aarón, el capitán del equipo de soccer en su escuela.
- ¿Eh? ¿Yo? – se apuntó Rebecca a sí misma con cara de desconcierto total.Ciertamente había hablado con jugadores de equipos (por tareas y proyectos, obviamente) pero nunca lo había hecho con el capitán del equipo.
- Si, tú. Oye, me preguntaba si me podías ayudar con la tarea de expresión oral que tenemos, en la que tenemos que hacer un discurso.
- Ah – dijo Rebecca un poco desanimada, tristemente en esos cortos milisegundos se imaginó que le hablaba por...
tracking img