Cuento

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El discurso de Micaela
Para mis amores

Micaela Jiménez nació y creció en una comunidad rural en Hidalgo del Parral, al sur del estado de Chihuahua. Su madre murió de “parto”; creció con su padre, su hermano y la Chata, su hermana mayor. Vivió como una de las tantas personas marginadas socialmente, pero que fueron fundamentales en la lucha armada. Era “prietita” y llevaba largas trenzas,vestía enaguas y sombrero de petate, una niña rejega de alma brava. Su sueño siempre había sido aprender a leer, decía que no quería morirse sin conocer las letras y saber escribir su nombre y como tantos millones de mujeres en la época de la revolución mexicana, no vivía, sobrevivía.
Cuando todavía era pequeña alguna vez escuchó que había gente luchando por la tierra. Ella no entendía nada de loque se decía, en parte por su edad y también por su espíritu práctico, hasta que un lamentable suceso le cambió la vida.
José María Jiménez, su padre, trabajaba en la mina Prieta, y lo hacía como todos: en condiciones infrahumanas. En el mes de noviembre de 1910, el General Guillermo Baca atacó el pueblo en nombre de la insurrección contra el gobierno de Porfirio Díaz. Él, junto con otrosmineros y gente del pueblo, salieron en su defensa. Un tiro de los rebeldes lo alcanzó, muriendo al instante.
A raíz de la muerte de su padre, el tío Celedonio se hizo cargo de ella y de sus hermanos y día con día sufrieron malos tratos. Los hacían trabajar en el campo desde el amanecer, y muchas noches se quedaban dormidos sin haber comido. Todo el tiempo el tío les decía que eran unalata y que el campo no daba “como para mantener más bocas”; Mica no hacía otra cosa que pensar en huir y aprender a leer y escribir. Una noche, escuchando atenta el canto de los grillos, pensó que daba lo mismo morirse de hambre ahí que en cualquier otro lugar y que tenía que buscar la manera de ir a la escuela para conocer las letras, y de paso, lograr burlar a la muerte, por lo que decidióemprender la huida, sin importar el rumbo. Hasta ese momento, Mica no había tenido otra ocupación que sobrevivir al hambre y la miseria de siglos.
Después de varios días de caminar y medio muerta de hambre, llegó a la parroquia del santo Cristo de Burgos, en ciudad Jiménez, donde el padre Ramón le dio asilo y ayuda; primero para que comiera y pudiera recuperar sus fuerzas, y después con su necedadde querer aprender a leer. El cura con paciencia le enseñó el arte de la escritura, sorprendiéndose por la facilidad y rapidez con la que aprendía. Parecía tener un don innato, y de no saber ni agarrar el lápiz, de pronto la letra U estaba al derecho, y había aprendido la diferencia entre la eme y la ene. Ella tenía muy claro que las palabras no le pertenecían a nadie, y que podía utilizarlas comoun medio para ganarse la vida. No quería ser sirvienta en las casas de los ricos, ni mucho menos dedicarse a piruja, como le había dicho su tía que había terminado La Chata.
Con una mesita improvisada tomó lápiz y papel y comenzó a visitar los mercados y las ferias ofreciendo notas y recados; la venta era razonable: a cinco centavos una carta de amor, a tres inventaba insultos para lospeores enemigos y por dos o tres centavos, para los que no sabían leer, incluía recitaciones con los últimos acontecimientos como nacimientos, muertes, pérdida de cosechas o matrimonios y los gritaba en el siguiente pueblo. Ella fue una primitiva pero eficaz forma de comunicación entre las familias. Así, con su mesa a cuestas, recorrió desde ciudad Jiménez hasta Meoqui, y su fama aumentaba; estabaconforme de poder ganarse la vida vendiendo palabras. Un día de mercado, rodeada del bullicio y la gritería de los marchantes, se escucharon galopes y gritos. Mica vio a lo lejos una nube de polvo, era un grupo de hombres a caballo. Irrumpieron en el pueblo como una estampida, bañados en sudor. Salieron volando gallinas, huyeron los perros, corrieron las mujeres con sus hijos y de pronto no...
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