Cuentos futboll

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  • Publicado : 28 de marzo de 2011
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Las playas de Mar Azul son enormes todo el día y todo el año, pero en febrero, a las ocho de la mañana, parecen gigantes, inmensas… Interminables.
- ¿Somos los primeros? -pregunta Lili.
- Parece, ¿no?
Los únicos habitantes de la playa son unos pocos pescadores, tres o, a lo sumo, cuatro. Llegamos a la arena dura, acomodo las sillitas, me quito la remera, miro a Tután y él me mira atento yansioso por correr hasta el agua y mojarse las patas antes que yo. Lili le acaricia la cabeza, aprovecho la distracción y salgo de pique hasta la orilla. Tután gira, se olvida de Lili y corre desesperado por ganarme la carrera. Siempre me gana. Llegamos al agua y nos recibe una ola fuerte, espumosa, brillante y fría; muy fría. Me freno, a Tután el agua fría no lo asusta y se mete casi hasta el cogote.Yo no soy Tután y retrocedo unos pasos hasta quedar fuera del agua o casi. Me ladra una, dos veces; debe querer que me meta y que juegue con él. Ni loco. Tal vez más tarde, al mediodía cuando el sol caliente un poco.
Camino por la orilla hasta encontrarme con el primer pescador; el hombre permanece firme con la vista clavada en el mar, firme como la tanza de su caña que entra en el mar y sepierde. Tután llega, se sacude y nos salpica a mí y al pescador que lo mira con mala cara. Amargo.
- Vamos -le digo a Tután y nos volvemos junto a Lili.
No sé de dónde salieron pero ahí estaban, primero veo al pibe: un gordito rubión de doce años (o catorce como mucho), con cara de bueno. Después descubro la serie de conos naranjas dispuestos a lo largo de la playa, y por último lo veo a él, al quesupongo que es el viejo, al responsable de semejante hecho inusual y, digamos, deportivo.
El pibe viste el equipo completo de San Lorenzo, el equipo original: la ultimísima camiseta, el pantaloncito, las medias y zapatillas de las escandalosamente caras. Todo nuevo, todo impecable. ¡Una fortuna tenía puesta encima!
No sé por qué pero siempre me cayeron mal los que se “disfrazan” de jugador defútbol profesional, me da como que quieren disimular con guita y pilcha lo quesos que son. En un “pan y queso” ni loco elijo a uno de estos que se aparecen con todo el equipo a estrenar de su club favorito.
El que yo creo que es el padre da unos piques rápidos en el lugar como un jugador que está a punto de entrar a la cancha; es un tipo de mi edad, bajo, panzudo y pelado. Parece un entrenador defútbol patrocinado por Nike: camiseta Nike negra con vivos blancos que le queda ajustadita en la zona del abdomen, pantaloncito negro Nike, zapatillas de la marca de la pipa y medias cortas.
El pibe juguetea con una pelota azul que no debe tener ni una semana de uso. Sus movimientos, como suponía, no muestran nada especial ni asombroso. El golpeteo de las olas y el rumor incesante del mar me impidenescuchar las indicaciones del supuesto padre gordito al supuesto hijo gordito. Es tan temprano que aún no habían aparecido el vendedor de churros y, muchísimo menos, la gritona que ofrece “gaaaseosaaas... iennnsalada de frutaaas”; sin embargo estos dos personajes entrenan acá, en la playa, como si estuvieran en plena pretemporada.
El chico corre en slalom entre los conos naranjas, va hacia unlado y vuelve; ya en el segundo intento lo hace al trote y sin el entusiasmo inicial, recién cuando el padre lo arenga, el hijo recupera el ritmo y vuelve a correr. El padre le arrima la pelota y él intenta hacer el mismo recorrido dominando el balón, esquivando conos como si fueran rivales. Claro, esa es la idea pero al pibe no le sale. “Vamos, vamos”, le insiste el padre que acompaña susmovimientos; sin embargo el hijo se tropieza más de lo que avanza. El segundo intento es menos desastroso que el primero; el padre corre hasta un bolsito que tiene a un costado y aparece con una cámara de video pequeña. Filma a su hijo intentando esquivar los conos; cuando el pibe se da cuenta, se pone serio y trata de mejorar su performance pero mucho no lo consigue. El padre se apasiona y busca...
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