Cuentos reales

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Cuentos verdaderos

Aquel día es un hecho de mi vida que nunca olvidaré... Pero sobretodo no me dejó de preguntar el porque...a mí.
Cuando yo tenía cuatro años vivía en un edificio de apartamentos. Vivía en uno pequeño pero tenia muchos cuartos y era totalmente oscuro, el edificio tenia unas terrazas en casi los últimos pisos, yo siempre jugaba en la terraza del 12 piso (Este era el último),me gustaba mucho jugar allí.
La otra terraza estaba en el 11 piso a la que nunca subía, ese día se me dio por jugar allí, por cierto recuerdo que había mucha chatarra, jugaba y jugaba hasta que de pronto empecé a escuchar un leve silbido que se volvió mas grave. Pensé que era una persona, pero se encontraba del otro lado de la terraza donde estaba la chatarra.
Me acerqué temerosa a ver, yhabía una persona un poco pálida, con un tono extraño en algunas partes de su piel, su boca lucía un poco, estaba desfigura y arrinconada, se sentaba de una forma rara, lo que nunca olvidaré son sus largas uñas brillantes las cuales se ponía en la boca y producía unos silbidos muy bajos.
Me quedé muy quieta, no podía reaccionar ni respirar...no recuerdo nada más solo a mis padres preocupadosrecogiéndome y llevándome a mi cuarto.

Andrés era un chiquillo de ocho años, delgaducho pero rebosante de energía, con un flequillo que caía como una cortina encima de las cejas, de pelo oscuro, casi negro. Alto para su edad e introvertido, basaba su vida fuera de la escuela en su imaginación. Se inventaba muchas historias en sus horas muertas en las que se convertía en héroe salvador de hermosasdamas, en un poderoso guerrero con una espada encantada, en un agente secreto con decenas de chismes tecnológicos, incluso en el único superviviente de un ataque extraterrestre. Su mente bullía con su interminable imaginación.

Los padres de Andrés se llevaban constantes desencantos con su hijo. En el día de Reyes le regalaban un coche teledirigido, el barco pirata de Playmóbil o un Mecano... y suhijo se ponía a jugar con las cáscaras de unas nueces, transformándolas en feroces tortugas mutantes.

Lo mejor para Andrés venía en verano. Llevaba tres años pasándolos con sus tíos en una mansión de tres plantas y algún que otro kilómetro cuadrado. Era un foco para su imaginación, ahí transformaba cada habitación en un microcosmos. En el mes que pasaba, desde mediados de Julio a mediados deAgosto, exploraba cada vez más zonas del antiguo edificio. Las escaleras eran cascadas de un mundo mágico; las lámparas de araña eran estrellas del universo que recorría con su nave espacial, con la compañía de su inseparable androide; las mesas eran la fortaleza del malvado general que iba a acabar con el mundo... todo lo transformaba. Y sus tíos, a los cuáles la naturaleza les negó tener hijos,disfrutaban del muchacho que corría sin parar por la casa.

Andrés sólo había visitado las dos primeras plantas del edificio, pues la superior la tenían de trastero y no le dejaban subir.

Así que, con el paso de los días y el comportamiento típico de un niño al que le prohíben algo, la planta alta se convirtió en su objetivo. Soñaba con millones de maravillosos cachivaches con los que jugar.Hasta que un día sus tíos se tuvieron que marchar y le dejaron con su abuela al cuidado.

Sabía que a su abuela, una anciana de ochenta y cinco ocho años, viendo el culebrón de la tarde, le comenzaba a pesar la cabeza cada vez más, hasta no poderla sujetar y caer dormida. Siempre le hacía gracia fijarse en la lucha de la anciana con el peso de la cabeza y de los párpados, a los que tambiénparecía que se les habían colgado un par de pesas. Pero ese día se quedó mirándola fijamente, nervioso e impaciente. Los diez minutos que la anciana tardó en dormirse se le hicieron eternos. Y, en cuanto cayó dormida, salió disparado hacia la segunda planta.

Iba a trepar hasta la planta alta, sin ningún miedo, puesto que ahora mismo era “El hombre araña”.

Lo cierto es que la parte de la...
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