Cuentos

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Libro Uno : Los Ravnos.

Conocí a los gitanos de pequeño, mientras crecía en Bélgica tras la primera guerra mundial. Era 1923 y tenía nueve años. Mis padres me había advertido acerca de los gitanos; eran ladrones y atracadores que disgustaban rompiendo las leyes y que viajaban constantemente para escapar de la furia de las autoridades locales.

Pero lagente que se hallaba reunida dentro del semicírculo de grandes carromatos cubiertos no parecían atracadores. Los risueños y juguetones niños hacían lo mismo que yo. Las ancianas arrimadas al fuego no tenían aires de malicia. Los gitanos de piel oscura que hablaban entre ellos no mostraban el miedo de la policía que terminará apareciendo para echarles fuera. Vestirían andrajosos, pero no meparecían ladrones.

Tres niños se me acercaron y me contemplaron con el mismo asombro con el que yo les miraba a ellos. Uno me habló en un dialecto rudimentario del francés y me preguntó si no tenía miedo de ser visto en su compañía. Yo respondí sinceramente que no. Les encantó, y se mostraron orgullosos de presentarme al resto de los miembros de su numerosa familia, que ellos llamaban kumpania.El niño que me había hablado me dijo que su nombre era Panash, me invitó a comer y yo acepté con educación.

Esa noche comiendo en platos de metal alrededor del fuego, los gitanos me preguntaron lo mismo que Panash: ¿no me preocupaba ser visto con los rom? De nuevo respondí que no tenía nada que temer. Los hombres rieron profundamente, y preguntaron si quizá no quería cambiar mi modo devida por el suyo. Lo pensé un momento mirando los carromatos, los perros y la luz del fuego reflejada en sus rostros. Asentí con la cabeza y dije que lo cambiaría todo al instante.

Los hombres dejaron de reír. Me miraban con asombro; les parecía imposible que un niño gaje pudiese vivir como ellos. Indudablemente, ningún niño romaní podría llevar de buena gana la vida de un gajo. Panash rióescandalosamente y me llamó romaní-gajo, lo cual asumí como un cumplido.

No volví a casa esa noche, ni al día siguiente, y cuando la kumpania desmontó el campamento y condujo sus carromatos hacia el este me fui con ellos.

Estuve casi medio año viajando con los rom hasta que la policía me encontró y me devolvió con mi familia. Pero la carretera había echado raíces en mi corazón, y ya no volvía aestar contento viviendo como los gaje. Mi madre lloró y mi padres y yo tuvimos amargas palabras, pero al final, apesadumbrados me permitieron pasar medio año viajando con mi familia adoptiva romaní. Este modo de vida duró un tiempo, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando abruptamente perdí el contacto con la kumpania...

Era de dominio publico que los Nazis perseguían a losgitanos, al igual que judíos y homosexuales, y asumí que esa era la suerte a que había caído sobre mi familia rom. Habían sido llevados a los campos de concentración y asesinados. No esperaba volver a verlos de nuevo.

No obstante, mientras viajaba por el sur de Francia en una fría noche de otoño de 1948 me topé con un campamento rom. Me acerque con el saludo tradicional que había aprendido, y mesobresalté al ver a mi amigo de la infancia Panash venir a recibirme. Nos reímos de nuestra buena suerte y me condujo al campamento, donde otros miembros de mi antigua kumpania me dieron la bienvenida calurosamente. Animado, le pregunté cómo había sobrevivido a la guerra, y porqué no había mantenido contacto. Panash me miro con extrañeza y me dijo que no podía hablar sobre ello.

Meinvitaron a sentarme entre ellos y a contarles mi vida desde la última vez que nos vimos. Asentí con la cabeza y observé que los miembros de mi antigua kumpania se sentaban lejos del resto, que nos miraban con suspicacia. Me pregunté qué habrían hecho para ser tratados de aquella manera.

Les conté mi huida de mi familia a Suiza para escapar de la ocupación Nazi, y de mis esfuerzos por encontrar a...
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