Cuentos

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  • Publicado : 6 de febrero de 2011
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LA CALLE PROHIBIDA
Los clientes de las mujeres de la calle prohibida, acostumbrados a apagar la última estrella de la noche, pervertidos hasta la intransigencia; míseros privilegiados de la soledad acompañada que brinda el amor simulado; perturbados por los falsos encantos del pinta labios barato, las pestañas postizas y los senos marchitos, haciendo suyos halagos y caricias inverosímiles, sonya  del pueblo su desastre cotidiano sin exterminio moral...
...Y, mientras tanto, ellas, las mujeres de la calle prohibida, "expertas y duchas" en saber curar las cicatrices y los trastornos dolorosos del alma, sabedoras de las calamidades criminales que sus adulterados hechizos provocan, tienen siempre oídos, cada noche, para oír una misma y repetida declaración de amor que deviene de un trillado bolero capaz de hacer llorar a la más asesina fiera en reconciliación y, entonces, tratando a los hombres por igual, impávidas, les complacen sin reacción de vergüenza ni de alarma.
- Déjeme sólo verla- clama una voz de burdel.
-Hazlo si es ese tu deseo; pero no me culpes si te quedas ciego- contestó inofensiva una morena de labios carnosos y trasero supremo.
-No más quiero verla- volvió amurmurar la umbrosa voz.
-Ah, bueno, pague y vamos- dijo ella- y los dos, sin disimulo alguno, un paso adelante y otro detrás, se perdieron por la abierta puerta cerrada de la alcoba del amor.
Un silencio a plazos, marcado por la música que se extingue en el salón, deja oir un tintineo de copas y una orgía de risas que coinciden.
-Vente conmigo- suplican en una mesa unos ojos llenos delágrimas.
-No me gustan los hombres bajitos como tú- se oyó por respuesta y, de inmediato, un desastre de botellas rotas lanzan un grito de dolor contra el piso al tiempo que el hipnotizado "traga níquel" de colores esta canción de desafectos muele: "Yo sé que es imposible nuestro amor/ porque el destino manda,/ y tú sabrás un día perdonar/ esta verdad amarga"...
Los clientes de las mujeres de la calleprohibida, impregnados de una fragancia mortal, saben bien que no tienen quien les salve par el mundo y, en tal caso, con ojos desconsolados, imprecisos y ligeros de palabra, son la lástima del fácil amor de la noche, del amor que destroza, que apuñala y que agoniza entre vómitos de sangre y, por ello, sin conjurar peligros siquiera, engañados así mismo, amando más que nadie, distraen y mastican sudoméstica felicidad que sabe a desdicha susurrando este bolero: "Mi último refugio/ pensé que fueras tú/ y fue mi gran fracaso/ poner mi fe en tu amor"...
... Mas desistir no es la consigna y por eso no falta aquí quien lleve, con inquebrantable voluntad, una inventada ilusión y una flor de desesperanza al tiempo que, dando fijo y duro en el punto débil del corazón, éste despecho hecho cancióntodos baila, tararean y escuchan: "...no estoy herido/ y por mi madre que no te aborrezco/ ni guardo rencor/ por el contrario/ junto contigo le doy un aplauso al placer y al amor/ !qué viva el placer!/ !qué viva el amor!/ ahora soy libre, quiero a quien me quiera/ !qué viva el amor!"...
...Y, secuestrado otra vez el silencio: ...-! Qué viva!- gritan borrachos, juntos y con insomnes voces, losclientes de las mujeres de la calle prohibida...
 

EL PRINCIPE AZUL
Había una vez en un antiguo reino un ermitaño, que vivía en lo más profundo del bosque, este ermitaño que a su vez era mago, era muy buena gente, aunque su aspecto indicara lo contrario, tenía el cabello desaliñado, una barba larga y sus ropas eran andrajosas.

Cierto día un príncipe de un reino lejano, se perdió en el bosquey fue a parar a casa del ermitaño, y como este último era buena gente le invito a que pasase el resto del día en su casa –bueno era más bien una cueva- el príncipe sabiéndose extraviado acepto, no sin dudas; así que el ermitaño lo atendió muy bien, y hasta salió a cazar un poco.

Cuando el ermitaño terminó de cazar regresó a su cueva y le preparó al príncipe unas comidas que parecían...
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