Cuentos

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El Espantapájaros
Carlos Manuel Cruz Meza
HA NACIDO para el miedo.
La solitaria figura se vislumbra sobre el campo, entre los sembradíos, mientras los pájaros que debe asustar se posan, tranquilamente, sobre el raído sombrero de palma.
Se le puede observar desde la casa. Lleva años allí, con su cabeza de tela rellena de aserrín podrido y el cuerpo formado por dos palos y ropa vieja rellena depaja. Con los brazos en cruz y la cara burdamente fabricada con retazos de tela descolorida.
Ha nacido para el miedo. E inspira sonrisa y lástima.
Los niños, en verano, le tiran tierra y piedras. Los pájaros lo han cubierto de excremento, ahora seco y endurecido por los rayos del sol inclemente, que todas las mañanas cae sobre él.
Hasta hoy, en que el cielo se puso negro, y el granjerorecorrió el campo con el impermeable puesto, y al pasar junto a él se rió. Se rió mientras murmuraba, con alegría perversa:
-A ver si la tormenta por fin te destruye, hilacho de paja.
Eso fue el colmo.
Por eso, cuando el granjero se fue a guarecer de la lluvia que se aproximaba y las primeras gotas cayeron sobre el ala sucia del sombrero, supo que había llegado el final. Eran años. Años de lluvia yviento. Años de excremento. Años de picotazos. Años de pedradas, sequías e inundaciones.
Años de humillación.
Abandona el poste con dificultades y camina trastabillando sobre sus piernas de madera, una más larga que la otra. Cruza el campo, con el cielo negro tras su espalda y la lluvia arreciando encima de la decolorada cabeza de paja. Va hacia la casa del granjero.
Muchos años. Ha nacido para elmiedo.
Piensa demostrarlo.

El Extraño
Carlos Manuel Cruz Meza
... su nacimiento no podía pasar inadvertido, no ante los vecinos del pueblo, aquellos que en ocasiones habían cuchicheado al ver a la joven mujer salir por las noches hacia el bosque que rodeaba la ancestral casona, los mismos que estaban seguros de que ello, porque sólo esa palabra podía definirle, había sido concebido enalguna de las madrugadas en que su deseable pero prohibida madre se había ayuntado repetida y lujuriosamente con algunos de los extraños seres que moraban en los linderos de la arboleda, conocimiento intuido que confirmaron cuando dio a luz sola a aquel horror, sin ayuda, entre alaridos que indicaban el sufrimiento, castigo de Dios, como afirmaban las más viejas, que el paso de aquella cosa entre suspiernas provocaba, maligna violación inversa, igual de sucia, de aberrante, que causó durante horas sudores fríos y rezos continuos en todos los que escuchaban sus lamentos, aunque nada se supiera, aunque nadie tuviera el valor para indagar, aunque la mujer y el engendro permanecieran ocultos durante años enteros, con las esporádicas salidas de ella a abastecerse sin cruzar una palabra con nadie,entregando en un papel mugriento la lista de lo requerido y sin mirar directamente a habitante alguno, de esos mismos que seguían santiguándose ante su paso, de esos mismos que lanzaban insultos al aire para que ella los escuchara, de esos mismos a los cuáles causaba asco y aversión, aunque todo esto parecía no importarle, no tener para ella trascendencia, hasta que la bestia no soportó más, hastaque una noche, pasados casi veinte años desde el alumbramiento, salió, salió por la puerta principal sin que su madre se diera cuenta, salió y fue hacia el pueblo, salió y lo encontraron varios hombres, salió y lo hallaron esos rabiosos habitantes armados de machetes con el valor del alcohol en la sangre, salió y le cercenaron los filamentos colgantes que podrían pasar por brazos, lo mutilaron yel monstruo, porque era un monstruo, no se defendió, no intentó huir, y los hombres atestiguaron cómo de inmediato dos nuevas extremidades nacieron y fueron cortadas por segunda, tercera, cuarta, quinta vez, hasta que los pueblerinos se dieron cuenta de que no podrían vencer a tajos a aquello que permanecía, sin embargo, quieto e indefenso, por lo que comenzaron a gritar para darse ánimo, para...
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