Cuentos

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CUIDADO CON LAS MINUCIAS

-Quiero saber todos los detalles, todas las minucias del caso.- Dijo la señora Ortega al detective que se sentaba frente a ella.- Yo sé que ese miserable me engaña con otra mujer y quiero probarlo con contundencia, que ante las evidencias no pueda tener el descaro ni la oportunidad de negarlo.

La señora Ortega era una mujer que rondaba los 40 años, una de esasmujeres cuya belleza las persigue a través de los años sin darle paso a las arrugas u otras marcas que delatan la entrada a la madurez de edad. Levaba 5 años de casada en un matrimonio relativamente tranquilo y feliz. Su esposo era un ejecutivo de éxito mediano, tenía un cargo importante en una empresa que le permitía recibir los ingresos suficientes para darse una vida holgada y con algunos lujos paraél y su mujer.

-Igual creo que su marido es muy torpe, hace falta gastar un poco de cerebro para darse cuenta de que usted es una mujer muy hermosa y poco digna de ser engañada.- Dijo el detective al tiempo que sus labios mostraban una leve sonrisa coqueta, de la cual se recompuso al instante al ver en la mirada de la señora Ortega que el cumplido, que si bien la alagaba y hacía sentir mejor,se encontraba totalmente fuera de lugar, y de paso, no tenía ninguna gracia.- Pero está usted segura de que quiere todos los detalles, sea consciente de que con unas fotos incriminadoras bastaría, no es necesario ahondar en detalles que pueden llegar a herirla mucho y sin justificación.

-Ya le dije que quiero saberlo todo con detalles. Quiero que ese canalla sepa que si piensa que puede dejarsever con otra mujer sin que yo me entere, está muy equivocado, no me gusta ser la tonta del paseo.

-Siendo así, comenzaré mañana mismo.- Dijo el detective continuando con el hilo de la conversación.- Y no se preocupe señora, si su marido le es infiel yo le traeré las pruebas necesarias para que no le queden ganas de volver a hacérselo ni a usted ni a otra mujer. En realidad no entiendo a loshombres que teniendo todo en casa van a buscar… que se yo entre otras cobijas.

Hipocresía esta que hizo, ahora sí, sonreír a la señora Ortega, que dadas las circunstancias del caso no estaba en la disposición de creer palabra alguna a un hombre, y mucho menos para responder a ellas. Por lo anterior, no dio importancia a los amagos de galantería del detective, y poniéndose de pie al frente de lamesa, gesto este que dejó todo el conjunto de su armonioso cuerpo al descubierto y los ojos del detective posados fijamente en él, dejó caer unos papeles sobre ésta junto con un sobre y añadió:

-Aquí está la información que le puedo suministrar por el momento, dirección de la oficina de mi marido, placas y color del carro; horarios, al menos los que conozco, unas fotos y una copia de un tiquetede avión, quiero que reserve en el mismo vuelo y que lo siga a todos los que haga de acá en adelante; viaja alrededor de tres o cuatro veces al mes. Por los gastos no se preocupe, yo pagaré por todo a parte de sus honorarios, además le enviare con anticipación una copia de cada tiquete, por eso no tengo problema ya que suele llevarlos a casa unos días antes del viaje. En el sobre encontrará lasuma suficiente de dinero para comenzar con el trabajo, y recuerde yo lo contactaré a usted para entregarle información, usted no me contacte bajo ninguna circunstancia. Espero resultados en seis semanas.

Al decir esto se volteó sin agregar ninguna palabra cordial ni un gesto amistoso al cual pudiera responder el detective, que igual no habría tenido tiempo ya que sus sentidos estaban ocupadossiguiendo cada detalle del espectacular cuerpo de la mujer que ahora salía de su oficina.- Y no se olvide de las minucias, quiero saber también el nombre de la mujer y todo lo que pueda averiguar sobre ella.- Dijo la señora Ortega dándose ligeramente la vuelta con un movimiento que fue interpretado por el detective como de provocación, y salió dejando la puerta entre abierta mientras éste se quedó...
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