Cuidar chivas o estudiar

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¿CUIDAR CHIVAS O ESTUDIAR?
Ismael Vidales Delgado

Soy un maestro jubilado, enamorado de la educación, apasionadamente comprometido con sus fines y sus metas, intolerante con los simuladores, solidario con los niños pobres y agradecido con todos los que me han dado pedazos de su vida.
Nací en la pobreza, viví amontonado con mis dos hermanos en un cuarto del real minero “Piedra Imán”.Temprano aprendí a tener la panza pegada al espinazo, la boca abierta, los pies resecos y el cuerpo entero sumido en la exclusión, viendo anochecer y amanecer sin más proyecto que sobrevivir a la viruela, el tifus o la tisis.
Mi padre, hombre de madera buena: albañil, minero, carpintero, zapatero, músico, policía… Mi madre, joven, lavandera, criada de los ricos, buena pa´l metate, para hacer gorditasde harina y pa planchar la ropa ajena, apenas frisaba los treinta y cinco abriles cuando el cáncer se la llevó. La enterramos un viernes, el sábado cumplí con el servicio militar, un sargento imbécil me “mentó la madre”, no tuve más remedio que echármele encima y darle una revolcada ¡Una noche de arresto!
Allá en las minas de Lampazos, no hubo una sola noche en que esta pareja de amantes sequedara dormida sin que mi padre hiciera la recurrente pregunta ¿Cómo van los muchachos en la escuela? Él sabía que esa sería su herencia ¡La escuela! Mi madre también lo sabía. Ambos tenían la certeza de que la escuela haría la diferencia. Magister dixit: Lo dijo el maestro. José G. García era un hombre bajito, moreno, regordete, con anteojos, sabio, honesto, luchador social, esmerado amigo de losmineros y fiel vigilante de sus alumnos. Este hombre nos marcó a todos de por vida. Pero esa marca fue de honor, dignidad, responsabilidad y respeto, esa fue su herencia, esas fueron sus normas de vida.
Un día las vetas de las minas se agotaron, la gente metió en sus bolsillos los pesos del “retiro” y en una red de ixtle sus pobres pertenencias y un santito comprado en abonos a Don Faustino, quienademás surtía de géneros y brillantinas a las mujeres.
La diáspora, esparció aquellos hombres con sus mujeres y sus hijos. Nosotros no fuimos muy lejos, Don Atanasio, el vigilante de las minas, nos compartió la casa que rentaba a su familia en Villaldama. Doña Elena, su mujer, era rígida, cristiana, buena, nos abrió su corazón. Lo mismo hicieron las maestras de la escuela primaria “Miguel F.Martínez”, pero a cambio, los niños descalzos, los hijos de la lavandera y el albañil correspondimos con altas calificaciones. Nunca olvidaré a Esperanza, mi maestra de quinto, nos contaba cuentos los viernes, rifaba máscaras de luchadores y fingía que necesitaba mis servicios por la tardes, para darme de cenar gorditas de harina de azúcar. Lo entendí ya grande y aunque nunca lo aceptó, tuve laoportunidad de decirle “Gracias por haber hecho posible que nunca me fuera a dormir con hambre”.
Los Vidales terminamos la primaria, Flavio y Yo entramos a la secundaria, Raúl ingresó al Seminario de Monterrey. La secundaria, el despertar de la hormona, las primeras novias, la banda de guerra y el asedio de dos profesores homosexuales. Mis maestros: la bellísima e inteligente Gloria con quien guardéamistad hasta su muerte; el Director José Santana Ramos, sabía matemáticas, música, deportes, banda de guerra, gran maestro. Lupito, un químico loco, genial, divertido, buen amigo. Polo, simpático, ocurrente, anecdótico, escaso de luces, gran corazón. Petra Irma, inteligente, erudita, didáctica y muy sencilla. Juan de Dios, buen cantante, enamorado, bohemio.
Terminé la secundaria, un día mi madrepreparó una red y en ella metió una pierna de puerco y dos mudas de ropa, me dio su bendición y me mandó a Monterrey a estudiar en la Normal. Me bajé de “La Marrana” en el Campo Militar, y a pie, con el sol cayendo a plomo al medio día, seguí por los rieles hasta llegar a la estación, preguntando encontré la calle de Carlos Salazar y llegué al 1721 Poniente, allí vivía Doña Elena, mi hermano...
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