Daniel defoe

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Daniel Defoe. Robinson Crusoe. Fragmento
30 de septiembre. Este día se celebraba el desgraciado aniversario de mi llegada. Conté las marcas de mi poste y constaté que llevaba trescientos sesenta y cinco días en la isla. Guardé una solemne abstinencia todo el día, que dediqué a hacer ejercicios religiosos. Me postré humildemente y confesé a Dios todos mis pecados, reconociendo su justicia yrogándole que tuviera misericordia de mí en el nombre de Jesucristo. No probé ningún alimento durante doce horas, hasta que se puso el sol. Entonces comí una galleta y un racimo de uvas y me acosté, terminando el día como lo había comenzado. Hasta ese momento no había celebrado los domingos ya que, al principio, carecía de sentimientos religiosos. Al cabo de un tiempo, había dejado de hacer una marcamás larga los domingos para diferenciar las semanas, de manera que no sabía en qué día vivía. Pero ahora, después de haber contado los días, como he dicho, y de haber comprobado que había pasado un año, lo dividí en semanas, señalando cada siete días el domingo. Al final, me di cuenta de que había perdido uno o dos días en mis cómputos. Poco tiempo después, mi tinta comenzó a escasear, así que melimité a usarla con mucho cuidado y no escribía sino los acontecimientos más importantes de mi vida, abandonando el recuento diario de otras menudencias. Comencé a observar los cambios de estación y aprendí a prever el paso de la estación seca a la húmeda, a fin de abastecerme adecuadamente. Mas tuve que pagar muy cara mi experiencia pues lo que voy a relatar, fue uno de los acontecimientos másdesalentadores que me ocurrieron en toda la vida. Anteriormente, he dicho que guardé algunas de las espigas de cebada y de arroz, que tan milagrosamente habían brotado. Tenía como treinta espigas de arroz y veinte de cebada y pensé que, pasadas las lluvias, era el mejor momento para sembrarlas pues el sol estaba más hacia el sur respecto de mí. Preparé un trozo de tierra lo mejor que pude con mi palade madera, lo dividí en dos partes y sembré las semillas pero, mientras lo hacía, se me ocurrió que no debía sembrarlas to das la primera vez ya que no sabía cuál era el mejor momento para hacerlo. De este modo, sembré dos terceras partes de las semillas y guardé un puñado de cada una. Más tarde, me alegré de haberlo hecho así pues ni uno solo de los granos que sembré produjo nada, puesto que seaproximaba la estación seca, y no volvió a llover después de la siembra. Por tanto la tierra no tenía humedad para que las semillas germinaran y, no lo hicieron hasta que volvieron las lluvias; entonces germinaron como si estuviesen recién sembradas. Cuando me di cuenta de que las semillas no germinaban, pude intuir fácilmente que era a causa de la sequía, de modo que busqué un terreno más húmedopara hacer otro experimento. Aré un trozo de tierra cerca de mi emparrado y sembré el resto de las semillas en febrero, un poco antes del equinoccio de primavera. Las lluvias de marzo y abril las hicieron brotar perfectamente y dieron una buena cosecha, mas, como no me atreví a sembrar toda la que había guardado, tan solo obtuve una pequeña cosecha, que no ascendía a más de un celemín de cada grano.Este experimento me hizo experto en la materia y ahora sabía, exactamente, cuál era la estación propicia para sembrar y, además, que podía sembrar y cosechar dos veces al año.
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Mientras crecía el grano hice un pequeño descubrimiento que luego me rindió gran provecho. Tan pronto como cesaron las lluvias y el tiempo mejoró, lo cual ocurrió hacia el mes de noviembre, fui a mi emparrado delcampo, al cual no iba desde hacía varios meses, y encontré todo tal y como lo había dejado. El cerco o doble empalizada que había construido estaba completo y fuerte y de algunos troncos habían brotado ramas largas, como las de un sauce llorón, al año siguiente de la poda, pero no sabía de qué árbol había cortado las estacas. Sorprendido y complacido de ver aquellos retoños, los podé para que...
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