De viaje por los países socialistas

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Gabriel Garcia Marquez

De viaje por los países socialistas
90 días en la “Cortina de hierro” “Revista Cromos” Bogotá (1957)

Gabriel Garcia Marquez

De viaje por los países socialistas

I La cortina de hierro es un palo pintado de rojo y blanco La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías.Después de haber permanecido tres meses dentro de ella me doy cuenta de que era una falta de sentido común esperar que la cortina de hierro fuera realmente una cortina de hierro. Pero doce años de propaganda tenaz tienen más fuerza de convicción que todo un sistema filosófico. Veinticuatro horas diarias de literatura periodística terminan por derrotar el sentido común hasta el extremo de que unotome las metáforas al pie de la letra. Eramos tres a la aventura, Jacqueline, francesa de origen indochino, diagramadora en una revista de París. Un italiano errante, Franco, corresponsal ocasional de revistas milanesas, domiciliado donde lo sorprenda la noche. El tercero era yo, según está escrito en mi pasaporte. Las cosas empezaron en un café de Franckfort, el 18 de junio a las 10 de la mañana.Franco había comprado para el verano un automóvil francés y no sabía que hacer con él, de manera que nos propuso "ir a ver qué hay detrás de la cortina de hierro”. El tiempo —una tardía mañana de primavera— era excelente para viajar. La policía de Franckfort ignoraba los trámites para pasar en automóvil a la Alemania Oriental. Los dos países no tienen relaciones diplomáticas ni comerciales. Todaslas noches sale un tren para Berlín por un corredor ferroviario en el que no se exigen más requisitos que un pasaporte en regla. Pero ese corredor es un túnel nocturno que empieza en Franckfort y termina en Berlín-oeste, una minúscula isla occidental rodeada de oriente por todas partes. La carretera es el único medio de penetrar realmente en la cortina de hierro. Pero las autoridades fronterizasson tan estrictas que al parecer no valía la pena arriesgarse a la aventura sin una visa formal y con un automóvil matriculado en Francia. El cónsul de Colombia en Franckfort es un hombre prudente. "Hay que tener cuidado", nos dijo, con su cauteloso español de Popayán. "Imagínense ustedes, todo eso en poder de los rusos". Los alemanes fueron más explícitos. Nos advirtieron de que en caso de quepudiéramos pasar serían decomisadas las cámaras fotográficas, los relojes y todos los objetos de valor. Nos previnieron de que lleváramos comida y gasolina suplementaria para no estacionar en los 600 kilómetros que hay de la frontera hasta Berlín, y que en todo caso corríamos el riesgo de ser ametrallados por los rusos. No quedaba otro recurso que el azar. Frente a la amenaza de una nueva noche enFranckfort con otra película alemana en alemán, Franco tiró el viaje a cara o sello. Salió sello. —O.K., —dijo—. En la frontera nos hacemos los locos. Las dos Alemanias están cuadriculadas con la magnífica red de autopistas que construyó Hitler para movilizar su potente maquinaria de guerra. Fue un arma de doble filo pues ella facilitó la invasión de los aliados. Pero fue también una formidableherencia para la paz. Un automóvil como el nuestro puede viajar por allí a un promedio de 80 kilómetros. Nosotros hicimos 100 con el objeto de llegar a la cortina de hierro antes del anochecer. A las ocho atravesamos la última aldea del mundo occidental, cuyos habitantes, los niños en particular, nos lanzaron al paso un saludo cordial y desconcertado. Algunos de ellos no habían visto en su vida unautomóvil francés. Diez minutos después un militar alemán, exacto a los nazis de las películas no sólo por el mentón cuadrado y el uniforme lleno de insignias sino también por el acento de su inglés, examinó los pasaportes de una manera completamente formal. Luego nos hizo un saludo castrense y nos autorizó a atravesar la zona de nadie, los 800 metros en blanco que separan los dos mundos. No había...
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