Deca

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OCTAVA JORNADA
COMIENZA LA OCTAVA JORNADA DEL DECAMERON, EN LA CUAL, BAJO EL GOBIERNO DE LAURETA, SE RAZONA SOBRE CUALQUIER BURLA QUE O LA MUJER AL HOMBRE O EL HOMBRE A LA MUJER O UN HOMBRE A OTRO SE HACEN CON FRECUENCIA.

YA en la cumbre de los más altos montes aparecían, el domingo por la mañana, los rayos de la surgiente luz y, partidas todas las sombras, manifiestamente las cosas seconocían, cuando la reina, levantándose, con su compañía primeramente un tanto sobre las hierbecillas llenas de rocío anduvieron, y luego hacia la mitad de tercia, visitando una iglesia vecina, en ella oyeron el divino oficio; y volviéndose a casa, luego que con alegría y fiesta hubieron comido, cantaron y bailaron un tanto y luego, licenciados por la reina, quien quiso ir a descansar, pudo hacerlo. Perohabiendo el sol pasado ya el círculo meridiano, cuando a la reina plugo, para el acostumbrado novelar sentados todos junto a la bella fuente, por mandato de la reina así comenzó Neifile:

NOVELA PRIMERA
Gulfardo toma dineros prestados de Guasparruolo, y concertándose con la mujer de éste para acostarse con ella a cambio de ellos, se los da; y luego, en presencia de él, dice que se los dio aella, y ella dice que es verdad

Si así ha dispuesto Dios que deba yo dar comienzo a la presente jornada con mi historia, ello me place; y por ello, amorosas señoras, como sea que mucho se ha dicho de las burlas hechas por las mujeres a los hombres, una hecha por un hombre a una mujer me place contar, no ya porque yo entienda con ella censurar lo que el hombre hizo, o de decir que a la mujer no leestuvo bien empleado, sino por alabar al hombre y reprochar a la mujer, y por mostrar que también los hombres saben burlarse de quienes creen en ellos, como son burlados por aquellas en quienes ellos creen. Aunque, quien quisiese hablar más propiamente, lo que debo contar no llamaría burla sino que llamaría pago, porque como sea que toda mujer debe ser honestísima y guardar su castidad como suvida, y no dejarse ir a mancharla por razón alguna, y no pudiendo esto, sin embargo, completamente hacerse como se debería por nuestra fragilidad, afirmo que es digna del fuego aquella que a esto por dinero llega; mientras que quien por amor (conociendo sus fuerzas grandísimas) llega a ello, por un juez no demasiado riguroso merece ser perdonada, como, hace pocos días, mostró Filostrato que habíasucedido a doña Filipa en Prato.
Había en Milán un tudesco a sueldo cuyo nombre fue Gulfardo, arrogante en su persona y muy leal a aquellos a cuyo servicio se ponía, lo que raras veces suele suceder a los tudescos; y porque era, en los préstamos de dinero que se le hacían, lealísimo pagador, muchos mercaderes habría encontrado que por pequeño rendimiento cualquier cantidad de dinero le habríanprestado. Puso éste, viviendo en Milán, su amor en una señora muy hermosa llamada doña Ambruogia, mujer de un rico mercader que tenía por nombre Guasparruolo Cagastraccio, el cual era asaz conocido suyo y amigo; y amándola muy discretamente, sin apercibirse el marido ni otros, le pidió un día hablar con ella, rogándole que le pluguiera ser cortés con su amor, y que él estaba por su parte presto ahacer lo que ella le ordenase.
La señora, luego de muchos discursos, vino a la conclusión de que estaba presta a hacer lo que a Gulfardo pluguiera si de ello se siguiesen dos cosas: una que esto no fuese manifestado por él a nadie; la otra que, como fuese que ella tuviera para alguna hacienda suya necesidad de doscientos florines de oro, quería que él, que era rico, se los diese, y después, siempreestaría a su servicio. Gulfardo, oyendo la codicia de ésta, asqueado por la vileza de quien creía que fuese una mujer valerosa, en odio cambió su ardiente amor; y pensó que tenía que burlarla, y le mandó a decir que de muy buena gana, y que aquello y toda otra cosa que ella quisiese le placería; y por ello que le mandase a decir cuándo quería que fuese a ella, que se los llevaría, y que nunca...
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