Decri nop

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  • Publicado : 27 de noviembre de 2010
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DECIR NO
Convivir no es rendirse a la voluntad de los demás. Muy a menudo entraña consentir, permitir, tolerar, fingir, hacer la vista gorda y tantas otras estratagemas que ponemos en práctica para coexistir en paz. Coexistir entraña también sumirse en el consenso, que es algo más que un acuerdo, o bien optar por la senda de la obediencia.
Sin embargo convivir puede también incluir eldesacuerdo, la discrepancia y la negación a responder a las expectativas que los demás tienen de nosotros, cuando esperan que cumplamos y no cumplimos. Ello es así cuando diferimos con firmeza, pero con civismo.
Una parte esencial, y en el fondo la más significativa del civismo, es aquella que nos permite diferir, discrepar y hasta oponernos a otras voluntades de un modo a la vez civilizado y eficaz.Sobre ello querríamos reflexionar ahora.
No es gratuito afirmar que negarse u oponerse a la voluntad ajena es la parte más significativa del civismo. Recordemos que el civismo consiste en una cultura de buenas maneras que nos permite diferir pacíficamente y avanzar en la solución de conflictos de modo incruento, o del modo humanamente menos cruento de los posibles.
La vida social, venimosaseverándolo desde el principio, es esencialmente conflictiva: no es vano nuestra imagen del Edén, o de la arcadia, o de una sociedad utópica en la que soñar o a la que aspirar, es siempre pacífica, armoniosa, feliz, aunque lejana. Sólo la nostalgia puede hacernos sentir que hubo un tiempo en nuestras vidas en que todo fue dicha. Aunque para muchos, por fortuna, hay felicidades parciales o momentosidílicos, espléndidos, dichosos. La plenitud feliz muy duradera no es la norma para los mortales.
No hay convivencia sin intereses encontrados ni sin lucha por la apropiación o el control de recursos escasos. No hay convivencia sin desigualdades, opiniones incompatibles, dominaciones injustificables, ilusiones perdidas, desilusiones y amarguras. Lo cual no significa -librémonos del melodrama- que todo enla vida sea triste y sórdido, por mucho que, no hay que olvidarlo, sea así para no pocas personas, abandonadas, como suele decirse, de la mano de Dios. Al recordar estas simples verdades tan sólo queremos decir que siendo las cosas como son es inevitable que surjan sin cesar enconos y discordias.
El civismo es el marco mínimo adecuado para resolver fructíferamente muchos de los conflictosendémicos en la convivencia. O para mitigar sus daños. No entendamos esta afirmación de forma caricaturesca. Un civismo que consistiera exclusivamente en intercambios de zalemas y de frases hipócritas entre gentes dispuestas a darse puñaladas por la espalda a la primera de cambio no sería muy recomendable.
El que, en cambio, parece más interesante en el contexto de nuestro discurso es el que permite, deveras, discrepar y negar la opinión y aun autoridad o el poder de los demás, sin ejercer violencia alguna. Gracias al ejercicio de ese civismo es factible que nuestros deseos, anhelos o hasta ideales, puedan abrirse camino sin dañar, o causando el menor perjuicio posible para todos. El civismo más idóneo para nuestra dignidad es aquel que fomenta nuestro derecho a afirmar nuestras posiciones yrazones, no aquel que nos sume en un mar de componendas y difumina nuestras opiniones, intenciones y buenas razones.
Nada más alejado de este Manual, pues, que recomendar un mundo nebuloso y moralmente flácido. Al contrario, pensamos que es bueno abogar por un civismo que no esté reñido con los principios de cada cual. No sólo eso: nuestra idea es que esa suerte de civismo constituye precisamente lamejor vía para lograr que triunfen tales principios. Quien quiera imponer por la fuerza la fraternidad, la libertad o cualquier otra virtud, las destruye. Sin buenas maneras naufragan los principios.
Para ilustrar esta posición evocaremos dos ejemplos de intenso civismo que han sido a la vez casos de una no menos intensa voluntad de hacer triunfar convicciones radicales, con actitudes...
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