Dedales de oro

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VIOLETA DIÉGUEZ
LOS DEDALES DE ORO
Y OTROS CUENTOS




















Ilustraciones de
Marta Carrasco
























EDITORIAL ANDRÉS BELLO Barcelona • Buenos Aires • México D.F. • Santiago de Chile


















LOS DEDALESDE ORO


Cuando Dios terminó la Creación del mundo, descansó, y a la vuelta de los días y los años vio que los hombres habían construido hermosas ciudades con calles y avenidas —estrechas y anchas, cortas y
largas—, en las que crecían verdes alamedas. Vio
también grandes plazas con fuentes de agua, estatuas
de piedra, árboles y muchas flores.
Las casas, grandes y pequeñas, con susbalcones floridos y sus tejados rojos, animaban las calles en el día, y en las noches los faroles encendidos guiaban a los caminantes nocturnos. Todo parecía estar bien. Pero su mirada salió de las ciudades. Más allá de ellas se encontró con algunos caminos y cerros secos y pedregosos en los que no había color y parecía no
haber vida.
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Él había esparcido semillas a los cuatrovientos para pintar de alegría todos los rincones de la tierra. Pero en aquellos lugares ninguna flor había germinado.
El paisaje era triste.



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—Qué será de los niños que juegan por allí? —se dijo Dios—. ¿Qué será de los pájaros y de los animales, de las mariposas y las abejas sin la
compañía de las flores?
—Pues bien —agregó pensativo—, haremos una flor
para estastierras secas, una flor que sólo en ellas
pueda brotar y florecer.
Tomó entonces muchos rayos de sol y los encerró en sus manos. Luego los soltó poco a poco y les ordenó:
—Vayan por las tierras más
abandonadas, más pobres, más pedregosas. Aquellas
qúe sólo reciben las lluvias del invierno, y que están resecas por el calor del verano; busquen los caminos
por donde corren los niños ycúbranlos de flores;
lleguen hasta las carreteras por donde transitan los viajeros y las líneas por donde pasa


































el tren. Que todo
quede lleno de flores y así sabrán mis hijos cuánto los amo. ¿Han comprendido bien lo que deben hacer? —concluyó Dios.
—Sí, sí, sí —contestaron a coro losmiles de rayos
de sol, mientras se convertían en millones y millones
de semillas.
Entonces, como si fueran un inmenso ejército, todas juntas cabalgaron sobre el viento traspasando montes, ríos, mares y valles.
—Éste no es el lugar; todavía no
—advertían obedientes—. Debemos cruzar el
bosque más allá del río.
El viento las fue guiando a sus destinos: un grupo se
quedó junto a laslíneas del tren; otras se instalaron a las orillas de los caminos; algunas prefirieron un
lugar debajo de los puentes, y otras muchas se
repartieron en los patios resecos de las casas y se esparcieron por montes y quebradas.
Al poco tiempo, un manto intensamente amarillo
asombró a los niños.
—Son flores de oro! ¡Qué hermosas!
—exclamaban, cogiéndolas llenos de regocijo.
—Es unregalo del buen Dios
—aseguró un anciano, mirando los cuatro pétalos
amarillos y suaves.
—Parece un dedal —dijo una joven costurera—; un
dedal de oro.
Y así fue como los dedales de oro llegaron al mundo
Si vas al campo en primavera o paseas por las afueras de la ciudad, te encontrarás con millares de flores
doradas abiertas bajo el sol.







TIEMPO DE SOL, HORAS DE LUNAHabía una vez un niño llamado Vicente.
Era moreno, alegre y muy ágil. Lo que más le gustaba era levantarse muy temprano, correr por el parque
con su perro Tody y comer chocolates con
almendras.
Pero había algo que le gustaba mucho más todavía. Para Vicente no había nada mejor en el mundo que
pasear con su papá y sentir que su mano fuerte tomaba la suya para cruzar la calle....
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