Dedos

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Todo comenzó con la conciencia, con ese saber que estamos, que somos. No importa cuándo, cómo, por qué. Llegó. Y sus terribles consecuencias, las ideas, se hicieron notar pronto y abundantemente enel incipiente mundo que el hombre fervorosamente esculpía.

Los pensamientos y las ideas tomaron más y más importancia en la vida y aparentemente se hicieron sobremanera complejos, y llegó la duda.Los hombres cayeron en la cuenta que no estaban de acuerdo. O que sí lo estaban. O que no lo sabían. O que no querían saberlo.

Se percataron de la voluntad.

Y la convención se hizo presente, asícomo la idea de felicidad, del bien, del mal, de lo desagradable y de lo racionalmente doloroso, de lo bello, etcétera. Y la fe: se intentó la idea de Dios.

Pasó el tiempo y aquel que haría nacerla metafísica, las matemáticas, la lógica, el arte y la ciencias, el hombre poderoso de pensamientos, de conciencia, comenzó a sentirse superior al otro, al de carne y hueso, aquel que siente el dolory los orgasmos, el de las vísceras y órganos y sangre y venas e instintos. Se sintió infinitamente superior al mamífero en el que vivía.

Más tarde se sintió superior sobre ciertos hombres engeneral.

En estos tiempos no tan remotos ya se presentía ese cogito ergo sum que llevaría a esferas apoteóticas al hombre racional, y más, sólo a la razón, al pensamiento; aunque también la idea de quela razón nunca podrá controlar al mamífero instinto comenzaba a presentirse como la otra orilla, la constante y hostil dualidad.

Eran tantas y diversas ideas para ese entonces que había,forzosamente, que dejar de creer en bastantes y cultivar sólo las esenciales. Entonces los griegos. Entonces Occidente. El principal argumento de la batalla ideológica ya latía fuertemente: pensar, o sentir,cuál domina a cuál.

Llegó la escritura y el arte y la teoría del progreso, de ir hacia algún lugar, a un momento, ganaba terreno. Y la Filosofía, que jamás desembarcó en los intrincados caminos de...
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