Del bicentenario a los torneos electorales

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Yo Candidato: del Bicentenario a los torneos electorales 20:06:44 10-01-2011

Jaime Emilio Stransky / Quadratín

Del año del bicentenario nos queda la impronta histórica de un tiempo ensangrentado, violento y confuso; también nos queda el acerbo resabio de un festín magro y patético. En 2010 conmemoramos las gestas heroicas que nos dieron patria, libertad e igualdad en medio de una guerradesorganizada, perdida de antemano, contra la delincuencia organizada y de una crisis política, social y, como de costumbre, económica (aunque el gobierno federal afirme lo contrario ad infinitum) sin precedentes. Pareciera que en lugar de celebrar los centenarios, el segundo de la Independencia y el primero de la Revolución, los hayamos repudiado y retrocedido como nación hasta dos siglos en lalínea de la historia. Y más paradójico aun, que la organización y puesta en escena del numerito festivo lo hiciera un gobierno de derecha, conservador y, para colmo con estigma de ilegítimo; algunas veces miope y otras sordo, según sus intereses , ante los retos que implica gobernar a 120 millones de mexicanos, más de la mitad de ellos en condiciones de extrema pobreza. Al menos aun conservamos intactouno de los símbolos de nuestra unidad nacional. Me refiero a la columna de la independencia, obra que el dictador Porfirio Díaz encomendó al famoso arquitecto Rivas Mercado con motivo del primer centenario de la independencia de México. Del bicentenario no quedó símbolo perenne alguno, pero si la memoria de más de 30 mil muertos, la humillante condición de “daño colateral” en lugar de ciudadano,y un escandaloso derroche en cosas tan efímeras como fuegos artificiales, espectáculos artísticos, espectáculos luminosos de alta tecnología (láser), y un monigote monumental (que para algunos es el vivo retrato de un traidor de la revolución), que no sirvió más que para el evento y hoy se encuentra arrumbada en una bodega de la SEP en la capital mexicana. Parece que otra vez a nuestrosfuncionarios les agarraron las prisas, y ni la titular de Conaculta, ni el secretario de Educación Pública, menos los organizadores, y parece ni el mismísimo Presidente, recordaron que nuestro país tiene una riquísima tradición pictórica y una verdadera legión de artistas plásticos de alto nivel capaces de crear un monumento digno para la tan especial ocasión. Y todo esto desgraciadamente, amigo lector,representa el signo de los tiempos. Según Umberto Eco, el llamado fin de la historia, anunciado a partir de la caída del muro de Berlín y de la hegemonía soviética, significa inevitablemente el fin de las vanguardias y por ende la decadencia de las estéticas. Pero no seré del todo ingrato; me quedan del Bicentenario, además de estos malos recuerdos, los obsequios que Felipe Calderón me envío a casa:el compendio “Viaje por la historia de México”, del insigne historiador Luis González y González y una bandera mexicana, de calidad muy aceptable, que defenderé a toda costa de la vocación comercial de mis hijos, y que prometo colocar durante el mes patrio de cada año en la ventana de la habitación donde ahora redacto estas líneas.
En provincia las cosas no fueron muy diferentes. Los eventos paracelebrar el Bicentenario fueron en la mayoría de los estados escuetos, aislados, pichicatos e insustanciales. En cuanto a los partidos políticos, desaprovecharon la ocasión para reivindicar los principios y conquistas de ambas gestas; el PRI, que durante décadas se adueñó del monopolio de la Revolución Mexicana, hasta el exceso de institucionalizarla, ni siquiera recurrió a sus abrevaderoshistóricos en beneficio de su imagen; el PAN deformó para su conveniencia los procesos de transformación histórica del pueblo mexicano y al PRD, inmerso en luchas intestinas, se le escapó de las manos la gran oportunidad de demostrar su vocación de izquierda: rescatar y hacer permanente la revolución interrumpida como tan acertadamente ha calificado Adolfo Gilly a nuestra lucha revolucionaria. Hay un...
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