Delitos y penas

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Tratado de los delitos y de las penas

BECCARIA, BECCARIA Cesar de Bonesana. Bonesana.
Después de publicar algunos ensayos de economía, publicó "De los delitos y las penas" en 1764, un breve escrito que tuvo mucho éxito en toda Europa, particularmente en Francia, donde obtuvo el aprecio entusiasta de los filósofos enciclopedistas. Partiendo de la teoría contractualista, que fundasustancialmente la sociedad sobre un contrato encaminado a salvaguardar los derechos de los individuos, garantizando el orden, Beccaria definió los delitos como violaciones de este contrato. La sociedad en conjunto goza por tanto del derecho a defenderse, el cual se debe ejercitar con medidas proporcionales a los delitos cometidos (principio de la proporcionalidad de la pena); en un segundo principio seestablecería que ningún hombre puede disponer de la vida de otro.
INSTITUTO DE ESTUDIOS PENALES

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Índice
Al lector. Introducción. Origen de las penas y Derecho de penar. Consecuencias. Interpretación de las leyes. Obscuridad de las leyes. De la detención. Indicios y formas en los juicios. De los testigos. Acusaciones secretas. Preguntas sugestivas. Disposiciones. De los juramentos. Deltormento. Procesos y prescripciones. Atentados, cómplices, impunidad. Mitigación de las penas. De la pena de muerte. Bando y confiscaciones. Infamia. Prontitud de la pena. Certidumbres de las penas. Gracias. Asilos. De poner a precio la cabeza de los reos.
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Proporción entre los delitos y las penas. Medida de los delitos. División de los delitos. Delitos de lesamajestad. Delitos contra la seguridad de los particulares. Violencias. Penas de los nobles. Injurias al honor. De los duelos. Hurtos. Contrabandos. De los deudores. De la tranquilidad pública. Del ocio político. Del suicidio y de los emigrantes. Delitos de prueba difícil. De un género particular de delitos. Falsas ideas de utilidad. Del espíritu de familia. El fisco.
INSTITUTO DE ESTUDIOS PENALESCómo se previenen los delitos. Conclusión.

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Al Lector
Algunos restos de la legislación de un antiguo pueblo conquistador, compilada por orden de un príncipe que reinaba hace doce siglos en Constantinopla, envueltos en el fárrago voluminoso de libros preparados por obscuros intérpretes sin carácter oficial, componen la tradición de opiniones que una gran parte de Europa honra todavía con elnombre de Leyes; y es cosa tan funesta como general en nuestros días, que una opinión de Carpzovio, una antigua costumbre referida por Claro, un tormento ideado con iracunda complacencia por Farinaccio, sean las leyes a que con obediencia segura obedezcan aquéllos que deberían temblar al disponer de las vidas y haciendas de los hombres. Estas leyes, reliquias de los siglos más bárbaros, vamos aexaminarlas en este libro en aquélla de sus partes que se refiere al derecho criminal; y los desórdenes de las mismas osaremos exponérselos a los directores de la felicidad pública con un estilo que deje al vulgo no ilustrado e impaciente la ingenua indagación de la verdad. La independencia de las opiniones vulgares con que está escrita esta obra, se debe al blando e ilustrado gobierno bajo el quevive el autor de ella. Los grandes monarcas, los bienhechores de la humanidad que nos rigen, gustan de las verdades expuestas por cualquier filósofo obscuro con un vigor desprovisto de fanatismo, propio sólo del que se atiene a la fuerza o a la industria, pero rechazado por la razón; y para el que examine bien las cosas en todas sus circunstancias, el desorden actual es sátira y reproche propios delas edades pasadas, pero no de este siglo, con sus legisladores. Quien quiera honrarme con su crítica debe comenzar, por consiguiente, ante todo, por comprender bien la finalidad a que va dirigida esta obra; finalidad que, bien lejos de disminuir la autoridad legítima, serviría para aumentarla, si la opinión puede en los hombres más que la fuerza y si la dulzura y la humanidad la justifican a...
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