Democvracia

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CODIGO DE LA COSTUMBRE
Cuando el hombre nace, ya se encuentra las normas de su sociedad hechas y tiene que aceptarlas en gran medida para sobrevivir, y no digamos si lo que quiere es medrar.

Jaime Richart

  Si las rechaza entra en conflicto en el grado de rechazo, y si éste tiene un éxito dado, el resultado es la imposición de normas nuevas: los procesos revolucionarios son muyinstructivos en este terreno. Los revolucionarios rechazan muchas normas de la sociedad cuya estructura política desean derrocar, pero no por ello dejan de tener normas propias; más tarde, si vencen, imponen las suyas propias sobre las zonas más pasivas de la colectividad. Así pues, la sociedad se controla a través de las normas sociales que son de dos clases: usos, costumbres y prejuicios (sistemainformal), por un lado, y leyes, sanciones y policía (sistema formal), por otro. El control social lo ejerce la propia sociedad, que tiene en origen un sentido: fortalecimiento y supervivencia del grupo, mediante la aceptación o rechazo de los comportamientos.
 
  Las instituciones, normas y roles se mantienen en gran parte al consenso social. En algunos casos la cosa parece clara; la actitud consensualsurge automáticamente, como ocurre con una lengua determinada por una población. El idioma materno se adquiere en el proceso de socialización, y los habitantes de un país no tienen que llegar a acuerdo alguno para hablarlo entre sí; el lenguaje aparece dado, y el consenso es total, aunque inconsciente. Lo mismo puede decirse de los códigos morales prevalentes en una sociedad. Pero otras veces elelemento consensual es más difícil de discernir, cuando el control social se ejerce a través de la coerción. La coerción, unas veces es abierta, o despótica, y otras más sutil, que entraña la manipulación de la colectividad. Hay manipulación cuando los individuos creen actuar consensualmente pero en realidad son inducidos a comportarse según una estrategia planeada por quienes detentan las riendasde algún tipo de poder.
 
  Pues bien, en los países vertebrados en la "sociedad democrática", el control social lo ejercen leyes, policías, por un lado, y quienes detentan los poderes económicos, comerciales, financieros y mediáticos, usufructuarios de los resultados de ese ejercicio en mucho mayor medida que las costumbres en franco retroceso, por otro. Mientras que en la sociedad musulmana,eminentemente religiosa y articulada en teocracias, para el control social en principio se basta la religión predominante y sus códigos morales.
 
  La libertad de expresión es desconocida para estos países que se ciñen a las pautas coránicas. Y en los occidentales es la libertad de opinión sin más restricciones que las establecidas por las normas sociales, usos, costumbres, prejuicios y leyes.Interactúa con el control social. Pero rectamente entendida, la libertad de opinión se supone está ahí como una posibilidad democrática para criticar al poder y a los poderosos, no para escarnecer a quienes consideramos "inferiores". "Y si la prensa occidental desea tomarse libertades escandalosas, que provoque a los amos de las multinacionales en vez de hacerlo con sus siervos musulmanes".(Enrique Gil Calvo)

  La libertad de expresión es, con la de reunión y la de libre circulación, el tríptico sobre el que descansa el tinglado democrático. Pero, si la de reunión y circulación nos interesa a los ciudadanos comunes, a quien interesa en realidad la libertad de expresión es a los medios, no a los ciudadanos del montón que tenemos en el mundo llamado libre que refugiarnos a pesar de pasarpor serlo en el ghetto de Internet para despacharnos a gusto. Y es más o menos ancha según países, el nivel de cultura colectiva y el tipo de gobierno. Bien lo sé. A pesar de haber pasado ya casi 30 años desde que se instaló esta libertad en España, cuando envío a un periódico un escrito meditado, conciso y riguroso pero comprometido para el propio periódico u otras parcelas de la realidad...
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