Denes martos

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Denes Martos: Los Deicidas








El predicador

«Vive con los hombres, como si Dios te viera
y habla con Dios, como si los hombres te oyeran»
Séneca (4 AC – 65 DC)

El niño

Por desgracia, tenemos muy pocos datos sobre Jesús de Nazareth de la época anterior a su magisterio público. No sabemos prácticamente nada sobre su niñez.

Los Evangelios canónicos – desde elmomento en que no son, ni pretenden ser, una biografía minuciosamente detallada – nos hablan muy poco sobre sus primeros años. Y, en cuanto a los apócrifos, tenemos toda una variedad, entre los cuales están también dos evangelios de la infancia de Jesús: el armenio y el árabe.

No sé cuanto podrá valer mi opinión al respecto, pero, honestamente, después de haberlos leído, lo más amable que puedodecir de ellos es que, en su enorme mayor parte, constituyen una colección de disparates. O poco menos.

Al igual que muchos de los demás, los apócrifos de la infancia están manifiestamente centrados en el relato de reales o supuestos milagros. Ahora bien; el aceptar el milagro como manifestación divina, no quiere decir que tengamos que tragarnos y dar por buena cuanta historia fantasiosa hayapodido surgir en la febril imaginación de cualquier cuentista. Especialmente cuando la fantasía se contradice por completo con la personalidad del personaje tal como ésta se nos revela en sus hechos posteriores y en sus enseñanzas.

No quiero pecar ni de irrespetuoso ni de incrédulo, pero no consigo imaginarme a un Jesús de dos años y cuatro meses de edad, jugando a deslizarse hasta el suelodesde lo alto de un castillo, abrazado a un rayo de luz, tal como lo relata el Evangelio Armenio de la Infancia [[1]]. Probablemente hasta el fin de mis días rogaré que se me permita entender la resurrección de Lázaro. Y sobre todo, rogaré que algún día me sea dado comprender el significado de esa resurrección. Pero no pienso devanarme demasiado los sesos, ni el espíritu, tratando de entender quépasó realmente en la ciudad de Mesrim, dónde las estatuas de los ídolos supuestamente “se pusieron a vociferar con estrépito y a coro” cuando Jesús llegó hasta allí siendo que “todas las demás estatuas inanimadas de los falsos dioses gritaban a porfía y los ídolos de los templos lanzaban alaridos, como si la ciudad entera se quebrantase en sus cimientos” [[2]].

Estatua parlante

Aún sabiendoque en algunas partes de la antigüedad existieron las famosas estatuas parlantes, que no sólo hablaban sino que hasta adivinaban, auguraban y transmitían los mensajes de ciertos dioses; aún así no puedo menos que recordar algunos hallazgos arqueológicos que explican bastante bien la forma en que estas estatuas estuvieron construidas – aparte de la existencia o inexistencia de sacerdotesventrílocuos cuyas travesuras tampoco serían de descartar. Pero, si una estatua parlante ya despierta mi incurable suspicacia, no puedo evitar que todo un coro de ellas aullando al unísono me parezcan una exuberancia de fantasía poética de parte de quienquiera que haya escrito ese apócrifo.

Aunque, aparentemente, este buen autor estaba realmente enamorado de su historia porque, poco más adelante, lavuelve a repetir – esta vez en el contexto de un templo de Apolo – y, no satisfecho con ello, le agrega el no menor detalle de un Jesús de “tres años y cuatro meses” [[3]] que habría hecho caer ese templo sobre la cabeza de toda la muchedumbre reunida en su interior. ¿Exagerado? Esperen. Todavía falta. Después del derrumbe, el niño – de tres años y cuatro meses – “avanzó por encima de los cadáveres y,tomando polvo del suelo, lo vertió sobre ellos, y clamó a gran voz: Yo os conmino a todos, sacerdotes, que yacéis aquí, heridos de muerte por el desastre que os ha anonadado, que os incorporéis en seguida, y que salgáis fuera.” Y los muertos resucitaron. Es decir, no todos; porque solamente “cerca de ciento ochenta y dos personas se levantaron de entre los muertos y se irguieron sobre sus...
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