Derecho

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Sistema penal y relegitimación procesal
Elsie Rosales*

H

ace ya un largo tiempo que en todo el orbe se cuestiona el funcionamiento de los sistemas penales. La historia ha contado los abusos del aparato penal, los horrores de la cárcel y la permanente violación de derechos humanos y de garantías procesales (Beccaria, Howard, Foucault, Rusch, Pavarini y Melossi, Baratta, Zaffaroni). Ya esusual en la literatura de las ciencias penales aludir a la crisis de los sistemas penales y de las manifestaciones que ella comporta. También es común escuchar que ésta se ha traducido en un contundente fracaso (Pegoraro, 2000)1. Ello deviene en una multiplicación de la violencia punitiva estatal, toda vez que la doctrina penal es unánime en afirmar el monopolio estatal de la violencia punitivainstitucionalizada y que si bien esta “violencia legítima ha quedado depositada en manos del sistema penal”, no obstante, también es sabido que ésta “ha llegado a un grado de exacerbación que debe ser analizado” (Bergalli, 1996: XI) y que en tal estado de desbordamiento no sólo deja de ser legítima, sino que además se instaura como un poderoso ejercicio estatal de autoritarismo y lesión de derechoshumanos. Más actualmente, se ha opinado que tal crisis está vinculada a la expansión del sistema penal , al abuso de las normas penales, al recurso penal como medio
* Doctora en Derecho. Investigadora y profesora adscrita al Instituto de Ciencias Penales, Universidad Central de Venezuela. Ha sido directora del Doctorado en Derecho y directora adjunta del Centro de Postgrado, Facultad de CienciasJurídicas y Políticas, de la misma casa de estudios. Sus principales publicaciones están en el campo de las drogas y la justicia penal.

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Violencia, sociedad y justicia en América Latina

de primera mano y sobre todo al desbordamiento connatural a la institucionalización de la violencia que ha comportado dejarle al Estado la función penal (Bergalli, 1996). La expansión del sistema penalse ha vinculado a la expansión del derecho penal como su ideología de sustento, entendida ésta como el proceso mediante el cual “se amplían los tipos delictivos, se agravan los existentes, se crean nuevos bienes jurídicos2, se extiende la consideración del riesgo penalmente relevante y cobran laxitud tanto las reglas jurídicas de imputación delictiva como las líneas político criminales garantistas”(Silva Sánchez, 1999: 17-18). A su vez, la tendencia expansionista del sistema penal encuentra su aparente justificación básicamente en la complejización de la cuestión penal y en la percepción de la expansión cuantitativa y cualitativa de la violencia delictiva3. La complejidad de las sociedades actuales (Luhmann, 1998; Capra, 1998) se proyecta también a la complejidad de sus relacionesdelictivas. De modo que, al igual que los medios de comunicación e información han servido para ir acercando y estandarizando la visión de lo que acontece en cualquier rincón del planeta (“aldea global”), creando nuevas relaciones, percepciones y distorsiones, lo delictivo ahora ofrece entre sus aristas una faz sin fronteras que antes también existía (como las guerras) pero que actualmente se muestra másvisible, cobra mayor cuerpo y establece también nuevas relaciones, incluso por la percepción que se tiene tanto de lo delictivo como de la sociedad de los riesgos4 y la in-seguridad, tanto real como percibida. Algunos datos permiten ilustrar tanto el fenómeno expansivo de los sistemas penales como sus vaivenes. Las leyes de varios países aún contemplan la pena de muerte y en algunos se aplica. Porejemplo, es significativo que en general en los últimos años en Estados Unidos –cuyo influjo sobre el orbe ya nadie duda– la tendencia abolicionista se ha revertido notablemente a partir de la promulgación de unas cuarenta leyes en distintos estados de la Unión (década de los setenta), y que actualmente se afirme la tendencia hacia una mayor severidad de la pena capital (Hendler, 1996:...
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