Derecho

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La sal en la herida
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|Coronel Alfonso Plazas Vega |


PORTADAMás que la culpabilidad de Plazas Vega o la responsabilidad de Belisario, lo que está en juego es si el país puede o no cicatrizar las heridas del pasado.
Sábado 4 Febrero2012
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Hace mucho tiempo el clima político no había estado tan agitado. Pero el fallo del Tribunal Superior de Bogotá, que ratificó la condena de 30 años de cárcel contra el coronel Alfonso Plazas Vega, sacudió las aguas y puso a prueba la paz política que había logrado Juan Manuel Santos desde su llegada a la Presidencia.

El holocausto del Palacio de Justicia, en el corazón de lacapital y del poder institucional, hace 26 años, es una herida que no ha sanado. Un caso cuya falta de solución se ha convertido en el gran símbolo para quienes se enfrentan con dos posiciones antagónicas pero legítimas: los que abogan por el uso de la fuerza del Estado para defender sus instituciones y los que pregonan que los derechos humanos y las reglas para hacer la guerra se deben preservarincluso en los momentos más difíciles del conflicto. El caso de Plazas Vega es el gran símbolo de unos y otros.

La sentencia del Tribunal, de casi 1.000 páginas, ha sido objeto de una dura polémica. Su argumento contra Plazas Vega se justifica, esencialmente, por testimonios que demuestran que él era la cabeza del operativo militar para rescatar el Palacio de Justicia y que mantuvo suresponsabilidad en los días siguientes en lo que se refiere al tratamiento de los detenidos que salieron vivos. Al contrario de lo que se piensa, a Plazas no se le cuestiona haber encabezado el operativo para recuperar el Palacio, sino las desapariciones ocurridas después. Pero el hecho de que Plazas estuvo al mando no implica, para sus defensores, que haya dado órdenes contrarias a la ley. Aun si en lainstancia que falta -la Corte Suprema de Justicia es quien tiene la última palabra- el fallo es de culpabilidad, para los defensores de Plazas existe una duda razonable.

Más allá de la ratificación de la condena de Plazas, el fallo tiene otros elementos explosivos. Le solicita a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigue la posible responsabilidad del expresidente Belisario Betancur en uneventual abuso en el uso de la fuerza y en las posteriores desapariciones de 11 personas que salieron con vida del Palacio. Y le ordena a las Fuerzas Armadas hacer un reconocimiento de su delito y pedirles perdón público a las víctimas y a la sociedad. Ninguna de las dos decisiones tiene antecedentes en la historia de Colombia. Por eso, tanto por su significado como por el peso político einstitucional de los afectados, el fallo sacudió los cimientos del poder, la Justicia y la opinión pública.

El presidente Juan Manuel Santos reaccionó de inmediato y sin ambigüedades. Aunque acató el dictamen del Tribunal, se alineó con Plazas Vega y con el expresidente Betancur y le pidió a este último perdón en nombre de todos los colombianos. Este recurso tampoco tiene precedentes y seguramentebuscaba equilibrar la orden del Tribunal a los militares de ofrecer disculpas. Sin duda alguna, la sola posibilidad de hacerlo es humillante e inaceptable para el Ejército, e incomprensible para la opinión pública, que hoy se inclina por la mano dura contra la guerrilla y que apoya a las Fuerzas Armadas. Eso motivó a Santos a reaccionar de una manera que cayó bien entre los militares pero mal en la RamaJudicial.

Para esta última, que el jefe del Ejecutivo opine sobre los fallos de los jueces pone en peligro la separación de poderes. Santos acató la decisión pero también la deslegitimó. El presidente de la Corte Suprema, Javier Zapata, calificó de "preocupantes" las palabras del primer mandatario y otros magistrados las criticaron con mayor dureza y pidieron protección para los funcionarios...
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